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Texto Promocional - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Artistas noveles, Monográfico, Exposiciones, Eventos de Arte

La enfermedad sobre la enfermedad en La Habana

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Yenny Hernández

La COVID-19 nos ha llevado al extremo como especie; ha supuesto un desafío al convivir de manera obligada con una enfermedad silenciosa y mortal. Nos ha llevado a pensar en la fragilidad de la condición humana, a poner en cuestión sentimientos, criterios y actitudes; nos ha condicionado a vivir en escasos metros cuadrados, a cohabitar y a querer, a respetar y a dialogar. El ensayo fotográfico La enfermedad sobre la enfermedad en La Habana, del fotógrafo cubano Manuel Almenares (La Habana, 1992), resume en blanco y negro este escenario con encuadres angostos en la visualidad, con momentos contrastantes, reveladores de situaciones extremas, angustiosas, sensibles, meditabundas...

La redundancia de su título no resulta una gratuidad del autor, sino más bien un reforzamiento coyuntural que hemos experimentado por un tiempo que lejos de terminar, parece dilatarse. Esta crónica fotográfica, cuya singularidad radica en cómo el creador documenta su impacto a nivel social en el epicentro de la enfermedad en su país, testimonia dinámicas de convivencias vecinales, pasillos sombríos y vetustos, interiores que abruman, solares que guardan todo tipo de historias, verjas que limitan el contacto mas no el saludo, exteriores de una ciudad que intenta sobreponerse a la enfermedad, zonas de fe autoconstruidas como escudo para soportar al emisario de la muerte. 

La enfermedad sobre la enfermedad es un testimonio documental enfocado en sujetos anónimos, héroes de su cotidianidad, superhéroes de sus familias, supervivientes de carne y hueso que intentan no flaquear ante lo espinoso, que encuentran una alternativa para deslizarse tangencialmente por el infortunio, para “batear alegremente toda clase de bolas malas”, en palabras del propio Almenares. 

La COVID-19 ha marcado la historia de la Humanidad; ha puesto en marcha un antes y un después; y esas reverberaciones, miedos e incertidumbres seguirán habitando en aquellos que nos ha tocado coexistir con la enfermedad prácticamente al otro lado de la puerta.

Texto curatorial de la exposición personal La enfermedad sobre la enfermedad en La Habana, del fotógrafo cubano Manuel Almenares (La Habana, 1992), para la plataforma virtual Th Exhibit.

Curaduría: Yenny Hernández Valdés (Cuba) / William Riera (Estados Unidos)

Link a la exposición: https://theexhibit.io/exhibition/hold-still-pandemic-in-havana

Inauguración: 15 de enero de 2021

Clausura: 28 de febrero de 2021

Muestra auspiciada por el South Florida Latin American Photography Forum (SoFlaFoto)

Link del texto: https://www.revistamagenta.com/la-enfermedad-sobre-la-enfermedad-en-la-habana/ 

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Texto crítico - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Artistas noveles, Monográfico, Eventos de Arte

Poesía y teatralidad en la obra de Miriannys Montes de Oca

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Yenny Hernández

"La pintura es poesía; siempre se escribe en verso con rimas plásticas"

Pablo Picasso

Figuras vigorosas y altivas, otras famélicas y marchitas, una paleta cromática excitante y diferentes alusiones a la intertextualidad e interdisciplinariedad de manifestaciones saltan a la vista cuando nos acercamos a la carrera de Miriannys Montes de Oca (Matanzas, 1993). Una artista versátil, intranquila. Una hurgadora en cuestiones antropológicas –como todo buen artista que se siente parte integrante de su devenir y actuante del mismo–, que toma al sujeto como núcleo discursivo de sus pasiones, no para regodearse en el ejercicio visual de la morfología y corporalidad humanas; sino para explorar la psiquis, el universo interno del sujeto. 

El hombre, sus desafueros y procederes, constituyen en la carrera de Miriannys el punto centrífugo a partir del cual tejer, entrelazar, danzar, pintar, poetizar, proyectar y dar vida a los protagonistas de sus obras, las cuales se expanden más allá de la bidimensionalidad del cuadro para asumir el performance, la video-proyección, la fotografía, la instalación o el site specific como otras plataformas de expresión. 

De ahí que el sujeto en sus escenarios vitales aparezca una y otra vez en sus proyecciones artísticas. Y digo “escenario” con toda intención porque la obra de esta creadora ostenta un halo teatral, performático, que le otorga mayor simbolismo y atractivo a su trabajo. Los fondos planos o ahumados cobran fuerza gracias a esos personajes recreados, dispuestos cual escenografía en marcha, cual congelación del momento clímax de una puesta en escena. Incluso, el trabajo con la luz se advierte –ante mis ojos– más teatral que natural, incidiendo en ángulos claves del encuadre, otorgando protagonismo a determinados personajes, gestos, miradas; o acentuando el dramatismo de una escena determinada.

Miriannys Montes de Oca es una artista comprometida con su discurso, con una ontología que proyecta como declaración pasional sobre asuntos conflictuales. Ella nos plantea los dramas de la existencia humana, pero no nos deja sumergidos en esa laguna de angustias, sino lanza un salvavidas para rescatarnos. No cierra del todo la puerta, deja un intersticio posible desde donde avizorar que la Humanidad aún puede ser salvada. Es por ello que más que referirme a Miriannys como una creadora que asume uno o varios estilos en su trayectoria, considero que es una artista de lenguajes, que explora nichos estéticos diversos desde los cuales proyectar ese camino artístico suyo, que transita del sentimiento al gesto, del gesto al trazo, a la instalación o al performance, donde su poesía se materializa en pintura, en metáfora teatral, con una visualización dramatúrgica cargada de simbolismo e intensidad. Su lenguaje es así: lírico, metafórico, vívido.

Ya sea desde la pintura, el performance o la instalación, Miriannys Montes de Oca hace de su praxis estética un acto de pensamiento crítico respecto a lo que siente y experimenta como ser social; un acto de escenas reales/teatrales, de colores a veces vivos, a veces pálidos; un acto poético y de fe en el sujeto de hoy. Sus personajes, los que recrea y los que personifica, no son el calco mimético de la naturaleza humana, sino la expresión poética de una reflexión fresca y, por ende, con motivaciones positivas. Es ese universo paralelo que ella recrea en el que se advierten relaciones espaciales con cierto sentido enigmático pero interesante, donde lo real y lo teatral armonizan, en ocasiones se contraen y se tensan, producto de una multiplicidad de posibilidades que le otorgan las miradas y los escrutinios de los espectadores. 

Su punto fuerte está en la creatividad y la versatilidad con que asume y se enfrenta al hecho estético; en dar imagen y cuerpo a esa sensación que la sacude por dentro y que logra concretar desde los predios artísticos. Allí, donde su pincel se agita o su cuerpo interpreta roles múltiples, sale a flote esa poesía que la posee, así como esa capacidad que tiene para “traducir” en arte los sentimientos más íntimos que bullen en su seno creativo.

Link del texto: http://www.ahs.cu/poesia-y-teatralidad-en-la-obra-de-miriannys-montes-de-oca/  

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A ti, Cachita

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Yenny Hernández

El entramado cultural caribeño es la consecución de complejos procesos sociales en el que se han mixturado diferentes fuentes étnicas que han devenido en un proceso de mestizaje cultural que nos define y singulariza. De ese resultado ha emergido una religiosidad popular de matiz transcultural, si recordamos la esencia del concepto de Fernando Ortiz.

Precisamente, ese auge de adoración religiosa ha sido simultáneo al proceso de creación artística, y ha transmutado en diferentes interpretaciones, formatos y lenguajes. Y es que el culto a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, que producto del sincretismo de nuestra religiosidad popular también es Oshún, Cachita, la Virgencita o la Virgen Mambisa, se traslada del espacio devoto para encontrar a través del arte, y en este caso del lente, un asidero de representación estética. 

William Riera, quien ha construido una trayectoria fotográfica basada en las historias que encuentra a su paso por las diversas geografías a las que ha llegado, y como santiaguero de sangre que es al igual que nuestra Virgen de la Caridad, ha registrado con su cámara el arraigo de una fe, la permanencia e importancia de una tradición y una creencia que cada vez se expande por otros lares. 

Sus “Cachitas” no solo discursan sobre un ícono de devoción popular prendado en la esencia sociocultural de una región determinada. Sus piezas nos ofrecen una mirada interpretativa de las uniones que puede engendrar una creencia religiosa. Nos presenta su tierra natal, Santiago de Cuba, como núcleo generador y promotor del culto a la Patrona de los cubanos; así como también refleja la trasplantación de esta fe en el sur de la Florida, en Estados Unidos, producto de esos procesos migratorios y de permanencia de tradiciones que continúa hoy día formando parte de los toma y daca de las diversas sociedades. 

Como un hurgador sociológico, comprometido con sus raíces santiagueras(cubanas) y además con esa mirada adiestrada que ha madurado con el tiempo, William ha sabido proyectar con un matiz sensible y realista la vorágine que supone la veneración a la Virgen desde contextos muy diferentes en geografía, sistema y pensamiento. El tratamiento que le otorga a este ícono es en sí mismo un culto a la divina Patrona, un acto de fe que registra la fibra que ella hace palpitar en la vida de sus hijos. De ahí que tanto el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, como el de la Ermita de Nuestra Señora de la Caridad, en la Florida, constituyan para muchos el templo del sosiego, el sitio donde canalizar penas, donde encontrar luces ante tanta oscuridad, y donde siempre recibir los brazos abiertos de la Virgen.

Si nos detenemos un momento en la degustación visual de estas obras-documentos de William Riera, nos damos cuenta de que el exquisito empleo del blanco y negro que despliega en otras de sus series, aquí no encuentra cabida. Y estoy segura que ha sido a toda conciencia, para otorgarle al color, y a una excelente estructura composicional cromática, el valor y la fuerza visual que este comporta en lo que a religiosidad popular se refiere.

¿Cómo apagar o prescindir de ese amarillo intenso que baña a la Virgen y que sus fieles han asumido para identificarse con ella? El dorado, el amarillo y sus contrastes tonales, e incluso, su diálogo con otros colores de la escena, le otorgan a este ensayo fotográfico una viveza capital. Transmite vida, esperanza, luces…y son esas las mismas sensaciones que experimentamos cuando nos encontramos ante ella, confesándonos, pidiéndole, venerándola.

Los tres Juanes no fueron los únicos afortunados al encontrar la barca en la que varaba la Virgen en la bahía de Nipe, en 1612. Hemos sido afortunados también las generaciones de cubanos que posteriormente al hallazgo hemos podido ser partícipes de su devoción, primero en Barajagua, ese asentamiento inicial que la recibió, y luego en El Cobre, donde tenemos un espacio para la oración, para la intimidad y la confesión como mismo hace una madre con sus hijos.

Pero también afortunados han sido todos los que se han proclamado seguidores de la Virgen en tierras miamenses, desde que arribara en 1961, momento a partir del cual el auge al culto de Nuestra Señora de la Caridad se ha incrementado con mayor fuerza popular. Lo que derivó que en 1966 se levantara la Diócesis de Miami, bautizada por el Arzobispo Coleman F. Carrol, no solo como casa para encontrar la misericordia divina, sino también como el sitio idóneo donde los creadores plasmen con su arte su homenaje a Cachita.

La Patrona de todos ha quedado perpetuada en las instantáneas de William Riera, en encuadres que transitan desde la intimidad como protectora de la casa y de la vida, hacia escenas más abiertas de compenetración con el decursar cotidiano en plazas y parques, en diálogo silencioso con quienes se la encuentran a su paso, o en el templo de culto donde sus hijos se van más reconfortados y prósperos.

A ti Cachita, esa mujer bendita entre todas las mujeres, cuya estampita nos acompaña como escudo defensor, llegue este homenaje con mirada fresca y pasional, sobre lo que representas para todos:

“Blanca rosa desprendida

de la divina deidad

líbranos de todo mal

Virgen de la Caridad”

       Rezos de los devotos que la llaman… 

Link del texto: https://www.revistaelestornudo.com/virgen-caridad-cobre-cachita-fotos

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Texto crítico - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Investigación histórica sobre Arte, Artistas reconocidos, Monográfico, Exposiciones, Eventos de Arte

Un nuevo Epicúreo entre nosotros: el Jardín vertical de Ángel Ricardo Ricardo Ríos

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Yenny Hernández

"Todo placer es un bien en la medida en que tiene por compañera a la naturaleza" 

Epicúreo 

Excitado, como un colérico convocando a la naturaleza, Ángel Ricardo Ricardo Ríos (Cuba, 1965) ha vertido en lienzos de gran formato, conjuros de una belleza palpable en tonos, texturas, remolinos y enredaderas que rozan el surrealismo sensual. Esa acción volcánica la ha traducido en las obras que conforman su Jardín vertical, muestra personal realizada en la galería Servando de La Habana. Una muestra en la que se advierte una suerte de limbo plástico donde la complacencia retiniana y el degustar cromático son inherentes en la apreciación de las obras.  

Poseídas por un silencio evocador, se divisa en estas piezas un sobresalto interno, compulsivo, de gestos fluidos que parecen extenderse de un cuadro a otro, en los que el color y la línea sinuosa e infinita, hacen que la mirada más ligera se torne suspicaz y sondee cada pincelada, cada trazo, cada huella. La alusión es, desde el propio título de la muestra, a elementos naturales, a flores, plantas, a naturaleza viva. El delirio íntimo de Ángel Ricardo cobra aquí formas múltiples, o ¿quizás formas sin formas? Pero una duda me lleva a otra, y entonces me pregunto además: ¿estamos ante una figuración o una abstracción? ¿Qué nos quiere hacer ver o a dónde nos pretende transportar el artista? ¿Son solo elementos naturales o hay referencias a algo más? Ay Ricardo Ríos, cuántas ideas al observar tus piezas! Voy a arriesgarme y a dejarme llevar por lo que ellas me transmiten. Creo que solo así encontraré luces al final de cada uno de mis cuestionamientos. 

Hay todo un regodeo sobre motivos florales; alusiones de una naturaleza vivaz, explosiva en formas, tamaños, colores y hasta en olores. Este jardín es un revival en todos sus matices, una clara nostalgia por construir(se) una zona de confort imperturbable, donde no penetren las agónicas pesadillas de la sobrevivencia social y angustiosa realidad en la que nos encontramos a diario. La cimentación de su jardín vertical es posible cuando lo piensa cual pseudo resquicio donde encontrar armonía entre el placer y la serenidad interior. Qué mejor para ello que recurrir a la naturaleza, a la madre que nos acoge en su seno y nos ofrece la grandeza suya. 

No hay aquí una voluntad de cuestionamientos políticos, ni abordajes picantes sobre determinadas zonas de la sociedad que nos sobreviene. Ángel Ricardo nos propone un limbo plástico donde sumergirnos, del que no podemos apartar la mirada y por tanto, nos vemos identificados en ese movimiento concéntrico que nace del fondo del lienzo y nos arrastra, desde la retina hasta el subconsciente, a gozar de esas imperfecciones que, si se quiere, más que rastros de pinturas o alegorías a jardines, se nos presentan como espectáculos surreales en plena explosión pasional de formas que cobran sentido allá dentro, en el interior de cada espectador.

Entonces ¿estamos ante una figuración matizada de elementos abstractos (Lo asexual en esta obra está en el detalle los querubines azules, 2019) o ante una abstracción en camino a la figuración (El Ave del Paraíso antes de ser concebida en pecado, 2019)? Qué locura pudiera parecer! Qué manera tan astuta y elegante de jugar con nuestras percepciones cognoscitivas, de hacernos disfrutar de una contemplación sensualista, que excita en nosotros el deseo –tal vez reprimido– de manosear, de oler, de saborear, de sentir el gesto efusivo que emana de estas piezas.  

No estamos ante los girasoles de Van Gogh, los jardines de Monet o El Bosco, ni las flores de Klimt, Gauguin y Amelia Peláez, con quienes podemos tropezarnos quizás navegando por estas zonas ocres, sepias, rojas, manchas negras y líneas finas. Estamos ante un jardín diferente al de aquellos en tanto el de Ángel Ricardo es exuberante y notablemente expresivo. Parece situarnos no ya frente a un jardín en su esplendor, sino en un laberinto de enredaderas que cautivan. El suyo, por demás, es vertical, siendo así irreverente en su cosecha plástica, en su discurso irónico y mordaz. 

Hay un designio que desborda el hecho procesual de este jardín y es que el subconsciente del artista toma las riendas de la acción y domina la faena experimental, cuyos momentos se tornan realidades paralelas en las que escapa de su “yo” racional para dejarse llevar por el desenfreno de su “yo” pasional. Así, experimenta una ecuanimidad exquisita al dar forma, al garabatear, al insinuar, al soñar con total libertad por ese mundo otro, suyo y de nosotros al unísono. 

Ricardo Ríos no le teme al lienzo ni a su pulcritud. Al contrario, parece como si lo tomara cual segunda piel, sobre la cual tatuarse los placeres del arte. Una actitud escandalosamente sugerente, a través de la cual cobra sentido matérico y simbólico su derroche plástico (serie Paseos nocturnos, 2018). Precisamente, la fuerza de su obra radica en lo estremecedor de su expresividad pictórica, composicional y rítmica, ultra-colmada de un movimiento intestinal, sinestésico, cuasi atormentador, que evoca hasta el más mínimo vestigio de gozo latente en lo profundo de alguno de sus remolinos plásticos. Por eso es que me aferro en que no son solo jardines o sus signos representacionales. Definitivamente va más allá el universo recreado por el artista. Nos sitúa ante un espacio caprichoso en choques alegóricos, que cobran sentido según quien lo intervenga.

También se advierte aquí una especie de proposición sensual, erótica y caótica. No podemos negar la apetitosa sugerencia sexual de ciertas formas, líneas y movimientos en algunas de estas piezas (La proyección de Freud en el caracol africano, 2019). El erotismo que emana de ciertas zonas, acentuado por tonalidades sugestivas, nos enciende no solo los placeres del espíritu, sino también la postura vouyerística y el escrutinio en cada línea, cada plano, cada mancha. Ello viene a ser un guiño para que encontremos la mesura entre los placeres de la carne y los del espíritu. Es posible, sí! Lo he experimentado al recorrer estos lienzos, al tocarlos con la mirada, al hundir mi dedo en la carnosidad de ciertas manchas y al comprobar que, como mismo un tallo de flor rompe la tierra para salir al mundo, de igual manera bullen e irrumpen nuestras pasiones y tensiones internas, y es aquí, en este Jardín vertical, el sitio que nos ofrece Ángel Ricardo para matizar los ademanes del alma, la razón y los sentimientos.   

Qué oportuno toparnos con este subterfugio plástico que ha tenido a bien ofrecernos este artista. Lo ha construido para nosotros –también para sí mismo–: un primaveral y exquisito jardín, en el cual podemos tumbarnos, refrescar, desconectar, apasionarnos con esos colores y formas sensuales, instintivas, misteriosas y etéreas. Disfrutando de ello, me viene al recuerdo Epicúreo y su Jardín, escuela desde donde defendía la libertad del placer y el bienestar corporal y espiritual por encima de las angustias banales que padece el sujeto en su transcurrir. Su Jardín, el de Epicúreo, era su huerto, su sitio para cultivar un hedonismo exquisito, medido en pasión y transparente en desarrollo, siempre en franco diálogo con la madre natura, esa de la que venimos cuando nacemos y a la que retornamos cuando partimos. 

Como Epicúreo, Ángel Ricardo Ricardo Ríos también concibió su propio espacio otro abierto a las escapatorias e inquietudes de los sujetos. Un jardín que crece hacia arriba, hacia el cielo, hacia el infinito, hacia la verticalidad del espacio arte donde todo es posible. Por ello, siempre es gratificante encontrarse ante obras plásticas que propongan la posibilidad de naufragar –en el buen sentido del término– en aguas alternativas. 

Su jardín no surgió de la nada, partió de la intención y voluntad sostenida de un arqueólogo visual, un jardinero del siglo XXI presto a encauzar tal empresa, a cosecharla y a llevar a buen puerto la consecuencia final con esa floración total de colores y olores, de matices y erotismos. 

Ángel Ricardo Ricardo Ríos es por demás, amante de lo sensitivo y lo vívido que logra a través de un grito interno que parte de su intuición, como quien siente la necesidad de hurgar en las raíces mismas de su interior para sacar a la luz una obra distanciada del panfleto y la doctrina. Se oxigena, como las plantas mismas que representa, y mediante bocanadas de aire fresco y nuevo, exterioriza su obra re-creando un espacio posible de interrelación, de equilibrios, de goces humanos. 

Así, recurriendo a la naturaleza y a sus encantos, hace crecer flores donde antes existían surcos dramáticos y angostos de transitar. Ya lo anunciaba Epicúreo en su tiempo, y lo siento ahora en la obra de Ángel Ricardo Ricardo Ríos: todo placer es un bien en la medida en que tiene por compañera a la naturaleza.   

Este artista ha transitado por diversos vericuetos en los predios del arte, con una obra exquisita en técnicas y discursos. Su producción, mirando en retrospectiva, ha devenido en un serpenteo constante a lo largo de su carrera: una recreación de escenas, momentos, zonas, espacios, elementos amorfos, susceptibles todos de una asociación y maridaje con los procesos que se generan en el subconsciente. No solo se cuestiona, como es normal, determinadas inquietudes internas que como sujeto-artista pululan en sí, sino examina el interior de su producción, experimentando formal, conceptual y estéticamente para ofrecer una obra tersa y deleitable, cuyos valores plásticos son llamativos ante los ojos del espectador. 

En estas piezas se advierte una voluntad por inmiscuirse en el universo de las formas, las tonalidades, el erotismo de líneas zigzagueantes, el sexo sutil y aludido mas nunca expreso, la reiteración de elementos naturales. Estas devienen claves de un modus procesual que lo estimulan a atreverse a pintar una vez más, a adentrarse en el reto de conquistar el espacio plástico en la contemporaneidad de hoy, desde el afán intuitivo y con una dosis de sensualidad cual up to date de un sujeto que se reinventa, se regenera y mantiene activo su olfato en función de sus libertades internas.

Link del texto: https://www.artcronica.com/ac-noticias/la-experiencia-sinestesica-de-explorar-un-jardin-vertical/ 

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Entrevista - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Artistas noveles, Monográfico

El arte: es la emoción humana transmitida. Entrevista a Miriannys Montes de Oca

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Yenny Hernández

Miriannys Montes de Oca (Matanzas, 1993) es una artista visual cubana que se adentra en las preocupaciones, angustias y anhelos del sujeto contemporáneo. Le ofrece a este, desde su arte, soluciones alternativas, caminos posibles, otras miradas al mundo que conocemos. Es una artista que se vale de todo recurso artístico que, para sí, comporte una fuerza discursiva y estética que sensibilice fibras, que le “mueva el piso” al espectador y se sienta identificado con las realidades otras que ella representa. Su praxis artística es fresca en discurso, atractiva visualmente y aterrizada en las bifurcaciones del individuo común.    

La constancia y la versatilidad son dos de sus cualidades más notables al adentrarnos en su producción y cuando dialogamos con ella. Su trayectoria, perseverancia, motivación, desafíos y proyecciones podemos conocerlas, de primera persona, en esta entrevista que Miriannys Montes de Oca ha tenido a bien compartir para conocer más de cerca las claves que giran en torno a su pensamiento como sujeto y a su trabajo como artista. 

YHV: Eres una artista multifacética, diría yo que bastante inquieta en el proceso creativo, siempre explorando nuevos y diferentes nichos estéticos. Pero, vayamos por partes, ¿cómo, cuándo y por qué llegas al universo del arte?

MMO: Puede que esta historia suene un poco loca, pero cuenta mi madre que cuando tenía 6 años le dije que quería ir a una escuela de pintura. Ella, sorprendida, se dijo: ¿de dónde esta niña habrá sacado esa idea? Como ella no sabía dónde impartían clases de pintura, su escapatoria para mi insistencia fue decirme que, cuando comenzara la primaria, me llevaría a una escuela de pintura. Al cabo de un año, en mi primer día del curso, le pregunté a mi madre por la escuela de pintura. Ella averiguó y, por suerte para nosotros, en la ciudad de Cárdenas había una academia de Artes Plásticas. Para entrar debía tener mínimo 8 años, pero yo apenas tenía 6. Gracias a mi insistencia y a las lágrimas que caían, me dejaron hacer el examen de dibujo con esa edad. Pasé la prueba y ya con 7 años hice mis primeras temperas. 

Un poco más grande después, me incorporé en coros de música y en grupos de danza, pero lo primero que llegó a mi vida fueron las artes visuales. A veces no sabemos de dónde salen las cosas, pero me da por creer que traemos sucesos de vidas pasadas.

YHV: Presentas una pluralidad de lenguajes estéticos en tu obra –pintura, fotografía, performance, teatro, música, escultura, instalación– ¿Cómo decides escenas, temáticas, manifestación, soportes, a la hora de la creación de una obra determinada?

MMO: Tantas vivencias en las artes me llevan a la pluralidad. Desde que tengo recuerdos, siempre ha estado conmigo el dibujo; la pintura en la academia de nivel elemental. Tuve la dicha de tener muy buenos instructores desde la primaria. Y también, tuve enseñanzas muy positivas sobre música, teatro y danza. 

Luego, en la escuela de nivel medio de Matanzas, recibí clases de escultura y de diseño escénico, y otras como grabado, pero aquellas dos llamaron mucho mi atención. Lo teatral se acentúa en mí desde Matanzas, ya que hay un fuerte trabajo en esta manifestación. Todos los años hay teatro callejero, y la ciudad respira teatro. Además, el mar es un componente fuerte de dónde vengo. Luego en el ISA, toda esta información se condensó en mi obra. 

Creo que una idea puede ser representada en todas las manifestaciones, porque el arte es una sola: es la emoción humana transmitida. El arte es cualquier soporte, pero por supuesto, después de estudiarla tantos años, sé que hay algunos medios en los que despuntan mejor una idea que en otros. 

No me interesa un arte herméticamente calculado, ni estadístico, ni que se afiance en el código universal ya preestablecido. El arte debe ser nuevo en cada momento, debe tener el objetivo de aportarle una estética diferente a este mundo. Debe transformar la realidad para bien. Entonces, no busco el rostro conocido; retrato al desconocido, las historias micros de nuestra familia o vecinos. Los sentimientos del hombre común son para mí más importantes. Por tanto, si hablamos de temas me quedo con los más ambiguos, los que no logramos entender, pero mueven el mundo: vida, muerte, fe, resistencia, belleza, decadencia….

YHV: Abrazas las posibilidades estéticas que te ofrecen las diferentes manifestaciones que trabajas, pero creo que todo parte de un denominador discursivo común: el sujeto. Podemos verlo en las series Los soportables pesos del ser, Blanco y en la instalación Guerreros ¿Por qué cuestionar, desde el arte, los intersticios y las dinámicas del ser humano? ¿Por qué reflexionar sobre las apatías, los deseos y los artificios de los sujetos? 

MMO: Desde siempre he tenido bombardeos de temas complejos como los referentes a la política. Es algo que nos llega a todos y, diría que nos preocupa de más en ocasiones. En mi opinión, las respuestas están dentro de nosotros. Si cada individuo hiciera lo posible por mejorar desde dentro de sí, el contexto lo afectaría menos, porque todo cambia si cambiamos nuestra mentalidad. La cuestión radica más bien en cambiar desde dentro de nosotros y, luego, proyectar esos cambios y esa mentalidad positiva en nuestros contextos.  

Realmente, cuando decidí comenzar a discursar desde mi obra sobre teatro y artificio, fue porque sentí que me afectaba mucho la mentira humana, las máscaras que nos ponemos para vivir y sobrevivir, y de cómo existimos en un artificio total. Con el tiempo, he aprendido a vivir con la ilusión de la verdad y he tratado de ver lo bueno en lo que me rodea y me sucede.  

Nuestro pensamiento, como sujetos en evolución, tiene un poder universal. Nuestras apatías, nuestros deseos, nuestros artificios son los que hacen que vivamos de un modo u otro. Está en nuestras manos escoger el camino. Por eso, me nutro de la gente, de cómo reaccionamos, de cómo vivimos, de cómo actuamos, de cómo soñamos….  

YHV: Tu obra se mueve entre el expresionismo y un despliegue cromático, contrastante y llamativo visualmente. Además, transitas desde la praxis pictórica hasta la intervención teatral, y ello lo vuelcas en tu producción ¿Qué significa para ti discursar desde la teatralidad, desde la construcción de escenas –como mismo titulas una de tus series–, y como un ejercicio de traslación simbólica, las llevas hacia el plano pictórico?

MMO: Discursar desde lo teatral le otorga a mi trabajo un carácter dramático y contrastante, porque, además, la vida es así: llena de grandes contrastes. Cada cual juega un rol en su devenir, y lo mismo sucede en el teatro: a veces con mayor protagonismo, a veces con papeles secundarios para quien observa; pero desde nuestra perspectiva somos protagonistas de nuestra propia escena. Nuestra vida es nuestro teatro, y depende de nosotros cómo queremos que sea su guion, su desarrollo, su desenlace y su final. 

En la escena, el actor juega un rol fundamental, y mi visión sobre la realidad se centra en la gente cuando la observo de esta manera. Como un proceso de selección innato, se eliminan de mi escena mental todo lo que no tiene que ver con el actor o, en este caso, con el sujeto social. El momento que vivimos, ya no es el tiempo en el que los grandes pintores trabajaban con modelos durante largas horas. La dinámica ha cambiado y, en estos tiempos en que la fotografía congela en instantes la realidad, puedo tomar de ella todo aquello que llama mi atención con mayor precisión. Construyo mis fotos como construiría un pintor del Renacimiento a su modelo; y el hecho mismo de elaborarla, hace que también la asuma como obra de arte. 

YHV: Guerreros es una instalación potente, en discurso y en montaje; y me atrevería a decir que marca un punto de inflexión en tu trabajo. Coméntame acerca de esta obra, de su nacimiento, proceso de realización, exposición y dónde se encuentra actualmente.

MMO: La verdad es que a veces me llegan las ideas como un soplo que recibo. Hubo un tiempo en que soñaba imágenes muy fuertes, y las esbozaba en cuanto me acordaba de ellas. La imagen de Guerreros fue una de esas que me llegó de pronto, como una adivinación. Ya luego, comencé a descodificar de dónde salían y qué significaban los símbolos que me llegaban.

Ha sido una de las pocas ideas que he logrado llevar a la escena real, con actores y vestuarios construidos por mí y, además, obtener de ella una excelente fotografía. Logré contar con varios modelos, pero la escultura que había pensado era como un ejército. Además, concretar la idea se complejizaba cada vez más por los materiales y, hay que tener un Pla A, Plan B y hasta Plan Z para poder hacer las piezas lo más similar posible a lo que uno se imagina.

Busqué incansablemente un financiamiento para poder concretar la obra y, finalmente, lo obtuve gracias al premio que gané con la Beca de creación El reino de este mundo, que lanza la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de la cual soy miembro también; y junto al Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP), me otorgaron un presupuesto para llevarla a buen puerto. Los locales de elaboración fueron el ISA y CODEMA durante un año sin pausa. Fue un período de trabajo constante, de reuniones y de coordinaciones, sobre todo para su posible incorporación al proyecto Detrás del Muro, que se desarrolla en el marco de la Bienal de La Habana. Como tantos obstáculos que te pone la vida por delante, una semana antes de la inauguración oficial de la Bienal, en 2019, recibí la noticia –“bombazo” diría yo– de que no tenía una ubicación para la obra. Fue un shock para mí, un golpe del que tuve que reponerme buscando alternativas que me permitieran visibilizar el resultado de tanto trabajo. Como se dice popularmente, “moví cielo y tierra” hasta que en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV) me escogieron como uno de los proyectos colaterales de la Bienal. Luego de la buena noticia, una vez más tuve que enfrentarme a los vericuetos de las coordinaciones, esta vez con Planificación Física para decidir el emplazamiento final. Para no hacer larga la historia…finalmente logré que los Guerreros se dispusieran en el Parque Mariana, en 23 entre C y D, en El Vedado. Esta locación, sin dudas, fue muy favorable. Muchas personas interactuaron con la obra de todas las maneras posibles: fotografías y selfies, juegos, preguntas, respuestas, miradas, asombros, conclusiones… Hasta los niños le pedían deseos a las bolas de colores que las esculturas sujetaban. El mes de la Bienal fue un tiempo intenso. Se realizaron muchas actividades alrededor de la pieza: clases de dibujo con niños, conciertos de música, proyecciones de video, performance. Realmente fue una experiencia muy bella y, sobre todo, muy enriquecedora para mí. 

Considero que es muy bueno situar las obras fuera de las galerías. El hecho de colocarlas en los espacios públicos hace que estas se conviertan en obras interactivas, que se enriquezcan de miradas, significados, intervenciones. El público recibió con mucho agrado a los Guerreros. Actualmente, la obra se encuentra en la Quinta de los Molinos, bajo el cuidado del INSTEC y a buen resguardo bajo techo. El clima y la interacción directa con el público atentan contra una debida conservación, ya que son de una capa de cemento y cerámica. Durante el tiempo expuestas en el marco de la Bienal, varias esferas de colores se extraviaron por lo que decidí moverlas para su mejor cuidado y preservación. 

YHV: En la serie En tiempos de artificios te distancias de la representación per sé del sujeto, para asumir entramados metafóricos que responden a las “bajas” pasiones humanas, a los conceptos de belleza y pesimismo sobre los que se fabrica su devenir el individuo ¿Fue esta la antesala de la serie Aderezo? ¿Qué conexiones y/o tensiones te llevaron a realizar ambas series?

MMO: Tuve un tiempo donde buscaba transformar la realidad, y comencé a tapizarlo todo: pisos, piedras, mesas, lámparas, cuadros, ataúdes. Quería tapizar todo lo que veía decadente. Buscaba una belleza que encontré en los estampados de las telas. Como si vistiera la realidad, paseaba por las tiendas de textiles en busca de los más hermosos para mí, y regresaba a las cúpulas del ISA con mi deseo de transformación. Muchas piezas de gran formato nacieron de esa intensión. Trabajé superponiendo capas transparentes de textiles. Pintaba sobre la tela sin imprimar, directo en el textil, y dejaba relucir todo el estampado.  

Creo que el arte, muchas veces, es un juego donde experimentamos con posibilidades, luego de tener una idea. Ese fue el caso de la serie En tiempos de artificios. Algunas de las obras salieron de esa búsqueda con el material. Luego, llegó la Bienal de La Habana, con la temática de lo popular. Me uní con otra artista en el ISA, e hicimos un proyecto curatorial. La idea fue colocar las piezas en los pasillos de la escuela de Artes Visuales como si fuera la decoración de una casa cubana, utilizando elementos kitsch visibles en muchos hogares. En mi caso, utilicé la flor plástica. Emergieron una variedad de conceptos donde pegaba directamente la flor con grandes empastes de pinturas. Además, decoré con estas flores muchas esquinas durante la exposición. De algún modo, en ese momento sentía que el arte cubano necesitaba belleza. Fue un período en que las exposiciones de arte contemporáneo se me revelaban de manera fría e impersonal. Entonces, la búsqueda de la belleza fue el camino a esas visiones y el discurso de estas series.

YHV: Miriannys, como hemos visto hasta aquí, tienes una trayectoria poblada de series muy bien fundamentadas. Has participado en muestras personales y colectivas en diferentes espacios galerísticos del país que te han permitido darte a conocer en el entorno artístico cubano. Ahora, coméntame tu experiencia en el terreno internacional del arte: recepción y crítica de tu obra, intercambios, exposiciones…

MMO: El público que más ha comprado mi obra ha sido el de Estados Unidos. Muchas pinturas ya no están conmigo porque fueran adquiridas por estadounidenses; sobre todo piezas de la serie En tiempos de Artificios y Aderezo. En esto influyó el tiempo de apertura internacional que tuvo el arte cubano durante el período presidencial de Barack Obama, en el que el país recibió e intercambió de manera muy positiva con personas de ese país. 

Luego, otra de mis fuertes presencias ha sido en México, con varias exposiciones, conferencias e intercambios. Fue un tiempo que, sin dudas, me permitió contactar e interactuar con varios artistas mexicanos. Otros proyectos importantes fueron dos exposiciones de arte cubano en Venecia, en el año 2019, donde tuve el placer de compartir con artistas consagrados de nuestro país como José Ángel Toirac, René Francisco, Rocío García, Arturo Montoto... Fueron dos exposiciones con una recepción muy favorable por parte de la crítica veneciana. 

Por otro lado, varias revistas internacionales han publicado sobre mi trabajo, especialmente en España, entre las que están CdeCuba, Art y Hum y ArtePoli. Asimismo, formo parte de los artistas reseñados en la revista chilena Arte al Límite. 

En estos tiempos de fluidez virtual y en que la comunicación y promoción circula de manera vertiginosa en las plataformas digitales, mi obra también se encuentra en las páginas y website de varias galerías como Cam Gallery y Gall Art, en Estados Unidos; y Sapere Aude, en Dinamarca. 

YHV: Rufo Caballero, en su exquisito libro Agua bendita, afirmó: “El arte no quiere decir nada; el arte dice”. Entonces Miriannys, en pocas palabras, ¿qué dice tu arte en estos tiempos que corren?

MMO: Mi trabajo y mi discurso dicen que debemos buscar más dentro de nosotros; que el arte debe ser más visceral; que debemos buscar menos el artífico y más la verdad, o por lo menos reconocer la ilusión. Ayudar al mundo desde un sentido estético y humano, y no desde lo panfletario ni oportunista. Las artes deben unirse y ser una. La manualidad es una de las mejores terapias.  

YHV: Se entrevé en tu obra y tu temperamento una versatilidad y dinamismo constante. Seguramente, ahora mismo algunas ideas se están cocinando en tu cabeza para proyectos futuros ¿Quisieras compartir algunos adelantos?

MMO: Suelen existir más ideas que recursos para elaborarlas. Ese es uno de los principales obstáculos en estos tiempos. Pero, sí, tengo en mente proyectos monumentales de escultura y proyectos socioculturales muy hermosos que en algún momento espero tener la oportunidad de llevar adelante. Tengo fe en que podré efectuarlos. Por lo pronto, dejo todas esas ideas esbozadas. He aprendido durante mi vida que es mejor no adelantar mucho los planes hasta que estos estén bien avanzados. Así que hasta que no los lleve a cabo, mejor no doy adelantos y, de paso, sorprenderé más con el resultado final. Creo yo. 

Me enseñaron desde muy corta edad que todo lo que haga, debo hacerlo bien, porque de lo contrario, es mejor no hacerlo. Esa es una máxima que llevo conmigo siempre, que me mantiene con fuerzas en la carrera de resistencia que es el arte. He tomado este camino desde los seis años de edad y seguiré consecuente con mi misión en esta vida. 

Link del texto: http://www.ahs.cu/miriannys-montes-de-oca-el-arte-es-la-emocion-humana-transmitida/

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Ensayo - Artistas noveles, Arte Cubano

Fotografía Subacuática Cubana: ¿Arte o Ciencia?

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Heisa Altabaz Guzmán

Foto en portada: Carlos Otero Blanco

Desde la Antigüedad, los hombres anhelaron descubrir lo que se ocultaba en el fondo del océano y documentarlo. Los primeros vestigios históricos que revelan actividades de inmersión se remontan a la Edad Antigua, pero no fue hasta finales del siglo XIX que se realizó una fotografía en el medio acuático. Ya en el siglo XX la modalidad se convirtió en el recurso que tenían los científicos para legitimar sus hallazgos en el entorno marino. Paralelamente, su carácter documental facilitó el estudio y salvaguarda del Patrimonio Cultural Subacuático. 

En el contexto cubano, la fotografía submarina tuvo entre sus cultores iniciales a Alberto Korda, Alfredo Martínez, Nelson García Portillo y Carlos Fonseca. Los tres últimos fueron galardonados por la notable calidad estética de sus obras, durante la celebración del Primer Festival de Fotografía Submarina: FOTOSUB 1982, que constituyó un hecho de vital importancia para la evolución del género a nivel nacional

Sin lugar a dudas, la celebración de estos encuentros hasta la fecha actual, ha permitido a los representantes nacionales mostrar las riquezas naturales de nuestros fondos marinos, amén de enaltecer una manifestación que históricamente había sido despojada de sus valores artísticos. Hoy en día, las valoraciones sobre la vertiente subacuática se han diversificado, pues esta especialidad comprende las imágenes de buzos/fotógrafos cuya labor está encaminada a la documentación arqueológica y la salvaguarda del patrimonio bajo el mar, mientras otros se encuentran orientados a la experimentación visual en pos de la creación artística. Cabe destacar la obra de Vicente González, Sandy León de Armas, Maickel Cáceres, Víctor Isla, José A. Cañibano, Héctor Sardiñas, así como Daniel G. Pérez y Carlos Otero Blanco. 

Cada día se va incrementando el campo de interés de la manifestación, por lo que definir la labor de estos fotógrafos, sólo como aquella que se apega a la ortodoxia documental, constituye una injusticia. Si se analizan las propuestas actuales de los cultores del género, se puede apreciar un perfeccionamiento de las técnicas compositivas en aras de provocar una experiencia estética en el espectador. Ello se debe, a las pretensiones de algunos creadores por reorientar la concepción de la modalidad fotográfica, para lograr una mayor aceptación dentro del circuito artístico cubano contemporáneo. 

Finalmente, la maestría alcanzada se refleja a nivel internacional con la presencia de nuestros fotógrafos en los Campeonatos Mundiales de Fotografía Submarina, donde nuestros representantes se enlistan entre los primeros lugares. A pesar de los resultados alcanzados y la existencia de un buen número de cultores del género, es un hecho verificable la carencia de lugares en el sector artístico nacional que promuevan la manifestación. En tal sentido la fotografía submarina adolece de canales de divulgación que complementen la actividad creativa con espacios para la exposición, proyección y debates teóricos. 

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Texto Promocional - Artes Visuales, Artistas noveles, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Monográfico

Del Ismo al Post: La Pintura de Jassiel Palenzuela

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Heisa Altabaz Guzmán

Del Ismo al Post.

La pintura de Jassiel Palenzuela.

Jassiel Palenzuela (La Habana, 1989) es uno de los noveles cultores de la pintura que se distingue dentro del panorama artístico contemporáneo de nuestro país. 

Graduado de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro en el año 2008  y miembro de la Asociación Hermanos Saíz, actualmente se desempeña como  artista visual independiente. 

Ha sido merecedor, entre otros, del premio XXI Salón de la Ciudad que otorga el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de La Habana, como reconocimiento a su labor pictórica que cuenta con más de una veintena de exposiciones personales y colectivas en Cuba y el exterior.

 Su trabajo más reciente se nutre de los sistemas expresivos del glitch, las claves del Nintendo, la simbología pop y la  representación fragmentada para discursar sobre las odiseas cotidianas y la relación hombre- universo.

Desde sus inicios, la propuesta visual del creador ostenta símbolos característicos -estrella, arcoíris, purpurina, castillo, sol, montaña- que nos remiten al lenguaje pictórico infantil y al videojuego. Si bien la metáfora como pretexto está presente en toda su obra, sus paisajes se van complejizando con los legados del Pop-art y los postvanguardistas; amén de los recursos del mass-media y la tecnología.

Sobre su labor creativa en los últimos siete años vale destacar las series Desniveles. (2013-2014), El sol parece (2014-2015), Horizonte de eventos (2015-2017) y Horizontes verticales (2017-2020).

En Desniveles, utiliza los íconos y personajes del videojuego para dialogar sobre epítomes sociales y existenciales. A ello suma la influencia del gesto pictórico expresionista heredado de sus antecesores, para con el frenesí de las pinceladas cortas, las texturas y las imágenes dispersas, remitirnos a un mundo en constante desintegración, colapsado e inestable. 

La serie siguiente, El Sol parece, implica un cambio a nivel formal con el uso del acrílico y la plantilla. La pintura suprime su gestualidad y se subordina al prototipo de la plantilla confeccionada por el creador, que nos recuerda los efectos ópticos moiré y el pixel muerto. Continúa apropiándose de personajes del videojuego, amén de la incorporación de nuevos protagonistas fruto de su imaginario, lo que revela un universo más personal.

Por su parte, Horizonte de eventos, es lo que en Física conocemos como el punto de entrada a un agujero negro, donde se distorsionan las leyes promulgadas por esta disciplina. De ahí que adquiere vital importancia el empleo de la plantilla, para subvertir los espacios habituales en la obra. Se aprecia una multiplicidad de realidades conviviendo en una misma pieza. El concepto de límite y la desfragmentación se vuelven protagonistas: a la vez que laceran y violentan los ámbitos conocidos, hacen confluir plurales historias en un mismo escenario.

Por último, en Horizontes verticales, nos revela una narración no lineal de la realidad. La anomalía del panorama pictórico se evidencia a través de la representación de realidades verticales simultáneas en un mismo lienzo. Las piezas de esta serie exhibidas a inicios de marzo de 2020, hacen referencia a los códigos de barras, las pantallas múltiples de los celulares, así como a la interacción multisensorial de las redes sociales. 

Sobre el creador la crítica ha señalado: “volver a la pintura para Jassiel parece un amparo personal ante la desidia y la superficialidad que vivimos y el excesivo bombardeo de contenidos de consumo, pero no para esconderse en la belleza esteticista (…); más bien para deglutir lo que consume y devolverlo como un recodificador burlesco. Jassiel es un gamer, y asume la gracia del vintage computacional para remontarnos a aquellas obsesiones del proto-pixel de Seurat que con la era electrónica y digital se redimensionaron dentro del entramado de sensaciones vibrantes que hoy usamos para mucho, sin notar que vivimos en una época donde el arte se vale del error como contenido"

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Reseña - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Artistas reconocidos, Exposiciones

Paisajes

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Pedro Edgar Rizo Peña

Exposición "Paisajes"

Juan Blanco Lozano artist

Septiembre de 2017

Galería CASA8

#2017memories

La galería Casa 8, ha tenido siempre a bien la selección de artistas del más alto renombre así como otros mucho más jóvenes y menos conocidos, lo que siempre ha brindado una frescura interesante y un balance curatorial meritorio a lo largo de estos años. El diálogo de sus especialistas con estos artistas y la selección de las líneas discursivas de sus exposiciones han ubicado siempre bajo el foco de atención estas muestras. 

Un referente obligado será siempre las exposiciones en este espacio. Una de ellas fue "Paisajes" del artista Juan Blanco Lozano donde este espacio quedó pequeño para las obras que allí presentó. A propósito de la misma, el crítico de arte Joel del Río señaló:

"Paisajes se titula la exposición más reciente en la amplia obra del artista Juan Blanco Lozano, que aquí ilustra entornos reales e imaginarios, dentro de una decidida vocación surrealista que pareciera inspirarse en Gulliver en el país de los liliputienses.

En estos paisajes aparecen siempre los seres humanos, que pueden ser cubanos o de cualquier otro país, atrapados en sus rituales cotidianos, pero un factor común de todas las obras se relaciona con la talla diminuta, apenas visible, de los personajes.

Así, empequeñecidos por un paisaje que los aplasta o disminuye, los pequeñísimos protagonistas hormiguean en torno a una gigantesca realidad que los circunda, e interactúan con la misma a través de su instinto de conservación y disímiles recursos de supervivencia.

La preferencia por la monocromía en las piezas responde al interés del autor por ofrecerle protagonismo y relevancia a lo cargante del paisaje, a las circunstancias que circundan, y a veces acorralan, la vida del ser humano, como se percibe en La embarcación, que ilustra este texto, o en obras anteriores como aquella del Malecón con un muro erizado de salientes clavos.

La embarcación es metáfora que juega con otra, y el bote enorme, o arca, donde aparecen los diminutos viajantes, pudiera apuntar a la idea de la Isla flotando en la maldita circunstancia del agua por todas partes."

Por momentos como éstos, que deberán quedarse siempre reflejados en la memoria visual de las redes sociales y el big data así cómo de conversaciones con especialistas de arte entre ellas Johana Luque Novoa y Yenni Osuna, surgió la idea de este proyecto personal que ha sido sistematizar estas exposiciones y disfrutar aprendiendo de ellas. 

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#artexposition #art #contemporaryart #arte #artexhibition #artgallery #artist #artwork #artexpo #gallery #sculpture #painting #museum #creative #artecontemporanea #artworks #contemporary #exposition #design #fineart #artinstallation #mostradarte #artoftheday #artistsoninstagram #modernart 

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Forastero en tierra extraña

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Pedro Edgar Rizo Peña

Exposición "Forastero en tierra extraña"

16.11.2017

Gabriel Raúl Cisneros Báez

Galería Galiano

#2017memories

“Uno cree ver viva a esta escultura de tamaño natural, casi a punto de salir a galope por el temor de la presencia de tantos admiradores en la noche inaugural”. Luego de tres años volver a esta exposición —singular por el hecho de ubicar el foco de atención sobre una única pieza en la galería— me permite hacer una mejor apreciación de ella. 

El desconocimiento en su momento de elementos sobre las técnicas hiperrealistas, en este caso en la escultura, impidieron que los criterios de valor, se limitaran al asombro de acercarme a una obra excepcional. La vida ha demostrado que la obra de Gabriel Cisneros evolucionó y se perfeccionó más aún. Ejemplo son las piezas premiadas en eventos como Post-It y otras mostradas en galerías internacionales. 

Forastero en tierra extraña, evidenció el dominio de técnicas experimentales y uso de materiales como la resina. Sus propiedades plásticas y sus potenciales le abrieron a Gabriel un abanico de posibilidades, cuyo resultado redundó en una pieza única e inigualable hasta hoy —momento aparte tendrá la obra “Heraldo” de la pasada Bienal de la Habana. Este joven, educado bajo la égida de un grande la escultura cubana Premio Nacional de Artes Plásticas José Villa Soberón, está movido por grandes sentimientos. En igual medida está motivado por la búsqueda de nuevas formas de representar la llevada figura equina – no esos grandes caballos de guerra o batallas, sino aquellos que hacen de sus batallas el trabajo duro —. Lleva la representación tradicional equina a un nivel hiperrealista en esta escultura. 

De los bocetos originales, dibujos bidimensionales, surge una obra tridimensional que viene a ocupar un espacio escultórico por excelencia. Como casi una impresión en 3D, esta pieza lleva los detalles al extremo, un reflejo del estudio minucioso de la anatomía equina, recordando aquellos apuntes de un taxidermista. Pero el Forastero… está vivo, y sus ojos preguntan por qué lo confinan a un espacio cerrado, la respuesta: para que lo disfruten todos. A diferencia de otros artistas, que piensan las esculturas para que se relacionen con el entorno, esta pieza brilla por sí misma en el espacio que ocupe. Tal punto se logra al llenar toda la galería con su presencia. 

Solo algo lamentó el artista y todos los que conocimos la pieza, la imposibilidad – material— de su fundido en bronce. Su fragilidad – resina – le impide afrontar el deterioro o desgaste de un medio externo como el clima o la constante y segura interrelación con los espectadores. 

Esta obra y otras que le han sucedido, han ido perfeccionando el discurso artístico y la técnica de Gabriel, forjándole una identidad propia que lo va diferenciando de las influencias directas. Pero algo se acentúa, su sinceridad ante la obra de arte, desde su concepción, la conceptualización de ideas hasta su conclusión y presentación al público. 

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#sculture #art #arte #sculpture #escultura #scultura #contemporaryart #artist #sculptures #artecontemporanea #modernart #architecture #italy #artgallery #photography #artwor

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Fiesta de máscaras

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Pedro Edgar Rizo Peña

“La máscara africana apareció pues en Cuba en el lenguaje, no en la escultura o en la pintura. Toda esa transposición de nombres creó una visión peculiar: si la imagen de una Santa Bárbara aparecía bajo sus vestiduras cristianas, su nombre resonaba como una vieja deidad africana –Shangó-, enmascarando así su presencia de santa cristiana”.

Dos artistas acompañan a Moises Finalé Art, quien convoca a un convite de máscaras, X Alfonso y Victor Maden Morgan. Se dan cita figuras primitivas y femeninas de raza negra con un poder cuya fuente es el deseo que se alimenta en la práctica de una sexualidad sin límites. Espíritus de antepasados sin vestir, sin adornos, sin edad, solo hombres y mujeres que son los necesarios para la continuidad de la vida y la naturaleza. Vienen ataviados con esas máscaras cargadas de intenciones y simbolismos mágico/religiosos que les atribuye las culturas africanas. 

La obra de Moisés ha estado permeada de las influencias de muchas culturas, entre ellas la africana, y se interesa en esa fuerza mágica y va a beber de esas raíces de la humanidad y de la psicología actual. Máscaras que en la tradición pictórica cubana han tenido presencia en artistas de la talla de Wifredo Lam y Portocarrero por mencionar algunos de los más renombrados. En texto de Hamlet Fernández Díaz sobre la exposición “Levitaciones” en la Galería Orígenes del Gran Teatro de la Habana, señala ese nivel de influencias en la obra de Finalé “(…) cuánto hay de Lam, cuánto de máscara y escultura africana, cuánto de religiosidad popular y sus símbolos, cuánto de iconografía mitológica y religiosa de culturas antiguas, etcétera.” 

En esta exposición las máscaras son expresión del lenguaje mágico y poético de estos pueblos de los que heredamos tradiciones, se funden con los cuerpos, creando una expresión mitad humana, mitad animal en las obras de Finalé. Recorrer esta exposición, es encontrarse en (y con) un mundo mágico. Rituales de vida se reflejan en lienzos de gran tamaño, el paso de la niñez a la edad adulta, festividades, y tantas situaciones que pueden ser celebradas son los pretextos de este artista para invocar a través de estas piezas a tantas culturas madres. 

Las piezas de Maden, de ellas “Hechízame”, “Él tocó mi puerta”, “Juegos de formas”, recuerdan esas máscaras africanas, que no cumplen una función de cubrir el rostro, sino que son elementos protectores y disuasorios, puesto que estas son contenedoras de (sus) espíritus de antepasados, y se vuelve gracias a estas, a tiempos ancestrales donde los dioses se confundían con los mortales. Se reafirma la preferencia por los tonos ocres y terrosos como la tierra donde se asientan sus raíces afrocubanas. Y combina esa necesidad de redescubrimiento personal -mi interpretación de sus obras- a los intereses del Maestro Finalé, y ambos crean este espacio de diálogo entre lo contemporáneo y lo primitivista. Es aquí donde las máscaras son ese eslabón que une los discursos estéticos de ambos. La afrocubanidad y su religiosidad se apoderan de la noche siempre pidiendo abrir los caminos a través de “Una fruta para Elegua” y una “Ceremonia para un mañana”. 

Hay un lugar especial para los rostros negros de la fotografía de X Alfonso donde Finalé se permite la liberación de la imaginación en la que surgen imágenes con antifaces de colores y formas que van más allá de lo real, donde se mezclan cotidianidad y fantasía, nacen las ideas que se convierten en un hecho artístico. Intervenciones que conforman un recorrido visual, desde lo personal, aludiendo a lo imaginario, la fantasía, los sueños como elementos para conformar un imaginario personal, ambiente en el que se desarrolla la magia de esta aventura creativa.

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#artexposition #art #contemporaryart #arte #artexhibition #artgallery #artist #artwork #artexpo #gallery #sculpture #painting #shango #santeria #orishas #religion #artecubano #cuba #cubanart #art #cubanartist #contemporaryart #arte #artecontemporaneo #contemporarycubanart

Equipo de Producción

Yamile Tabio Rodriguez

Maden Morgan Estudio

Carlos Montane

Ariadna Cabrera Figueredo

Moises Finale

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La vida es inmortal...

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Pedro Edgar Rizo Peña

Revisando y haciendo coincidir este texto con la fecha de nacimiento de #anamendieta, artista multifacética -escultora, pintora, artista del performance y videasta- adelantada para su tiempo, espero sirva de un nuevo homenaje a quien la crítica especializada hubo de encontrarle para sus obras una nueva definición: el earth-body art. 

En marzo de este año se presentó en la Galería Acacia la exposición “La Vida es Inmortal cuando se acaba”. Un homenaje a la artista cubana Ana Mendieta, cuyo trabajo evidentemente influye en la obra de #alejandraglez. He leído varios textos sobre la obra de Glez, uno de los últimos, escrito por Jorge Peré, tal vez uno de los críticos que más se ha acercado a la obra de esta artista en Cuba. Cada texto, cada búsqueda, cada exposición me llevan a intentar conocer más sobre su obra y su discurso. 

Esta incansable búsqueda y estudio de la joven artista sobre la obra de Ana, impresiona. Alejandra, en esta exposición logra incorporar a su obra -donde ha primado el trabajo fotográfico- sin esfuerzo alguno, esos elementos naturales que usualmente empleaba Ana como la sangre (elemento de fuerza, poder o sufrimiento), tierra, agua y fuego.

 A través del enviroment de la galería, fotografías, video arte y presentación en vivo, uno puede reconocer a través de la obra de Glez, momentos de la vida inmortal -por su obra- de Ana Mendieta, aquella pionera, “que cuestionó los roles de género, la relación con el territorio, con la religión y con el propio cuerpo”. 

¡Homenaje a su obra!

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Reseña - Artes Visuales, Artistas noveles, Exposiciones, Arte Cubano, Arte Universal

Bojeo

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Pedro Edgar Rizo Peña

“Nada en el cine es casual”, leí en texto del sociólogo y crítico de cine argentino Héctor Hochman. En Rápido y Furioso 8, la última gran producción de Hollywood en la isla después de 1959, este emporio lanza una nueva -pero antigua- mirada colonialista. Una escena es clave y así la describe en análisis un articulista: 

“Toretto cumple de maravillas el cometido del gringo bueno en patio ajeno: le da una lección al mal cubano. Este, que también tiene su moral, baja del auto en pleno Malecón, mientras una muchedumbre de jóvenes y niños los rodea. “Ganaste mi auto. Y también mi respeto”, dice. Extiende su mano ofreciendo a Dom la llave del carro. La cámara nos permite verla en un gran primer plano: le cuelga un llaverito con la bandera cubana. Dom sonríe: “Quédate con tu carro. Tu respeto es suficiente”. Esta escena ocurre bajo la columnata y ante el complejo escultórico en homenaje al acorazado Maine, en la zona del Malecón habanero hoy conocida como La Piragua. (…) Son gestos elocuentes tanto terminar la carrera ante el monumento al Maine (frente al que se celebraban hasta la década de 1940 anuales desfiles que conmemoraban la intervención militar estadunidense en Cuba; coronado por un águila imperial que fuera derribada poco después del triunfo revolucionario de 1959) como usar símbolos.”

Esta introducción me vale para entender el discurso de la exposición “Bojeo” de Duniesky Martin en una de las salas del Lam. Apropiándose de la semántica de esta palabra, el artista discursa a través de las piezas presentes, sobre las distintas construcciones sociales que Hollywood reproduce, en este caso particular, la imagen Cuba. A través de “Legados” (Serie de Registros Colectivos, Video instalación,2017) en 7 pantallas se reproducen en bucles frases extraídas de una docena de películas (entre ellas clásicos como El Padrino) que de una forma u otra hablan de la imaginación y el anhelo colonial de Hollywood hacia Cuba y su historia. La curadora Lisset Yllañez Fernández sobre este trabajo de recopilación y análisis señala: “En su quehacer (sobre Duniesky) se aprecia una especial motivación por la catalogación, la revisión histórica y el trabajo con el archivo, subvirtiendo la concepción de esta fuente de información como materia inexpugnable”.

En los diarios (instalaciones “El diario que nunca existió” I y II) cuando se ojean, Martín reproduce la sensación del visitante que llega a los pueblos del oeste de los EEUU, en la época tantas veces presentadas en los Western. Donde el miedo a la diferencia marcó los discursos e imágenes de las películas con una señalada narrativa imperial. Carteles de películas que marcaron épocas como “El Llanero Solitario”, “Roy Rogers” y “Cisco Kid”, intervenidos a través del tallado del cristal protector, nos recuerdan la conquista de territorios y gentes por el “gran hombre blanco” y la mirada siempre triunfalista de la cinematografía hollywoodense. 

Ambos registros, la mirada a Cuba y la conquista del oeste, a través de la cinematografía son herramientas de este artista para diseccionar el concepto de Hollywood sobre su carácter extraterritorial como un cine no nacional sino global. Un ejemplo gigante lo proyecta el artista en una de las paredes de la sala expositiva, la pieza “Sumario” (2018) representa a la película “Cuba”. A través del link que el artista deja al espectador para seguir escudriñando, se encuentra que la misma fue filmada por Panavisión, uno de los tantos estudios de Hollywood, como Paramount o Universales que (subliminarmente) sugieren connotaciones globales y una grandiosidad cósmica a esta industria cultural. 

En sentido opuesto, una obra en proceso que pretende reflejar aquellas locaciones cubanas que siempre han sido inspiración para el cine americano… en esta ocasión el Country Club. Estos bucles son la visión del artista sobre los elementos que pudieron formar parte –lo más probable- del filme “Nuestro hombre en la Habana” rodado por Columbia Pictures en la Habana, a pocos meses del 1ero de enero del 1959, en plena efervescencia revolucionaria. Tal vez Duniesky introduce estos paneos, como un guiño al último intento de Hollywood de contar su verdad, que para ellos no es sólo la verdad (norte)americana, sino de todo bajo su control. 

Aquí va mi guiño: “Nosotros –Hollywood- podemos hacerlo porque tenemos el talento, el conocimiento y los recursos. Tenemos un medio incomparable para la educación y la ilustración, el más grande que el mundo haya conocido” Darryl F. Zanuck

Ministerio de Cultura de Cuba

Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP)

C A C Wifredo Lam

Isa Cuba

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Reseña - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Artistas noveles, Exposiciones

Hay más caminos...

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Pedro Edgar Rizo Peña

Diez artistas, jóvenes de la Asociacion Hermanos Saiz - AHS CUBA , han retado a Nietzsche. Tras mirar largo tiempo al abismo -entiéndase como abismo ese largo período de la Covid – han encontrado más caminos para seguir haciendo arte. En cada pieza se nota que sí, que “cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti”, pues en ellas se refleja las emociones, sentimientos, angustias y el sinfín de sensaciones que en cada ser humano se ha vivido en estos días. Pero artistas al fin, han canalizado estos para convertirlos en una expresión artística, cada uno en su estilo y técnica. 

La Madriguera volvió a asumir la función de “alma mater”. Es esta una exposición que según las palabras de los organizadores muestra “la persistencia del arte pese a lo caótico y límite de las circunstancias provocadas por la Covid”. La galería Antonia Eiriz, una artista resiliente por naturaleza propia, mostró el trabajo artistas jóvenes confinados a sus estudios talleres desbordados de creatividad. 

La fotografía se hace presente de la mano de Yuri Obregón, que desde la serie rostros, trasmite esa mirada a la realidad agobiante de muchos, la mascarilla, el miedo a salir a la calle, siempre empleando el rostro humano como el medidor de esas presiones internas. A su vez Yangtsé Clemente Garcia a través del calado muestra las rutinas que muchos tuvieron que asumir para no perder la condición física o sólo mantener la mente activa. Ingeniosa manera de usar esta técnica y el montaje final. 

La serie de dibujos de Adonis Muiño – “Dibujos sucios” – y “Dibujos Manuscritos” de Evelyn Aguilar Sánchez, capturan las experiencias individuales de estos artistas y sus voces de resiliencia ante las situaciones en cada lugar donde vivieron los momentos más duros de la epidemia…sus casas. Brian Romero en cambio refleja a una sociedad hasta ahora agolpada en multitudes, tal vez con el anhelo que reencontrar esa necesidad de socialización que a partir del distanciamiento el ser humano perdió poco a poco, y seguramente será difícil recuperar. 

La abstracción, tal vez sea aquella que mejor describe la mente de los jóvenes en esos momentos, donde la necesidad de expresión no puede encasillarse. Alejandro Jurado, Mario Gonzalez Rodriguez, Victor Manuel Ibañez Gómez, Antoine Mena y Carlos Zorrilla Montes apuestan por ese lenguaje artístico. 

El mensaje es claro. Se evidencia que las actuales propuestas son resultantes de como estos artistas han trasformado su obra y su discurso. Hay una madurez, necesaria, a partir de las influencias de los tiempos vividos, cargado a las obras de valores semánticos, simbólicos y de una nueva cultura de resistencia y significación. 

Después del abismo vivido, si hay más caminos por recorrer en cuanto al arte contemporáneo y sus formas de producción. También es cierto que se deberá reflexionar acerca de los modos en los cuales las estéticas y los relatos de otros muchos artistas deben ser convocados a presentar sus experiencias de estos meses. Por otra parte, sería interesante producir investigaciones que permitan analizar las maneras en los cuales estos meses en Cuba, han marcado a los artistas, jóvenes y no tanto, y las formas de hacer arte, no sólo en la Habana, sino en cada espacio de creación. 

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Dialogar Dialogar Ahs Cuba

Ministerio de Cultura de Cuba

Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP)

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Reseña - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Artistas reconocidos, Exposiciones

Paradigma

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Pedro Edgar Rizo Peña

La obra de Jorge Otero, siempre se me antoja como una investigación artística permanente. Aún fresca en mi mente aquella intervención de carácter performático público durante la pasada XIII Bienal de la Habana denominada “19:30”, donde al atardecer doscientas sillas a modo anfiteatro permitían a los que se acercaban disfrutar de conciertos, o simplemente contemplar la caída del sol, en un ambiente de meditación y reflexión. 

En esta ocasión, el artista busca diseccionar varios paradigmas – entiéndase paradigma como patrón ya aceptado- uno de ellos, es la imagen perfecta de la figura humana y el aspecto anatómico como epicentro de las representaciones artísticas de la época de la Grecia antigua. Otro paradigma es aquel que señala que “el trabajo humano sólo aparece con los medios de trabajo creados por el propio ser humano, las herramientas”.

Todo el hilo de la exposición es esa investigación y reinterpretación de ambos paradigmas, a través de esa técnica casi patentada e inconfundible – fotografía de volumen –. Otero y sus fotografías intervenidas, nos recuerda los estudios de anatomía humana que siempre fueron la base de las grandes obras de arte, pues esa capacidad de diferenciar los rasgos anatómicos de cierta complejidad hizo del estilo greco latino un hito en la historia del arte hasta ese momento. Así como los griegos lograban las texturas naturalizando las formas, Otero al cuadricular las imágenes y trenzarlas en las más insospechadas formas y patrones, nos da un nuevo significado al aspecto de la piel y del cuerpo en sentido general. 

Cada pieza, cada fotografía y dibujo sigue los patrones marcados por los clásicos, logrando en cada una de ellas armonía y belleza. Esta vez Otero no se enfrenta en esta investigación artística al paradigma, sino que se apropia de él y crea…repiensa lo hallado y genera nuevas aristas a explorar. Sorprende como se entrelazan los estudios a través de la museografía, cada una de las piezas está soportada en carretillas, herramienta por excelencia del trabajo humano. 

Y aquí asalta el nuevo paradigma… el hombre como “toolmaking animal”. Las herramientas y su relación con el trabajo en la formación de la conciencia humana, vista desde y para el arte. La obra “Relicario”, donde lucen varias herramientas enmarcadas semejando oro, desde martillos neumáticas hasta el guante de trabajo, (en un guiño al dedo pulgar oponible, salto en la evolución del hombre), exponen la visión del artista sobre como estos objetos que los obreros empuñan diariamente, dejan de ser un mero objeto para convertirse en elementos de veneración por su importancia en la transformación de la realidad. 

Video-artes proyectados, confirman esa idea de la investigación artística de Otero, a un lado de la pantalla la figura humana se ve en cámara lenta en acciones laborales y al otro la misma escena se réplica con una visión desnuda de los cuerpos; en igual medida el pedaleo de una bicicleta es lo único capaz de generar la luz necesaria para disfrutar el arte que se esconde en la oscuridad del cuarto obscuro de la galería. 

Jorge Otero, con su obra reafirma que el trabajo -su trabajo en cada pieza es un elemento de fuerza- es la piedra angular de la comprensión y proyección de su pensamiento sobre la figura humana. 

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Olympus

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Pedro Edgar Rizo Peña

El personaje casi invisible ante las dimensiones del resto de las figuras de las composiciones de estas piezas -o el artista si es una representación de su yo interior- busca refugio en los mitos y las historias de la antigua Roma. En su mente se crean mundos imaginativos y completamente separados de la vida real, donde él es uno más. Ambos, personaje y artista representan sus propios sueños enigmáticos y llenos de preciosismos.

Este personaje -reiterado en las obras del artista- parece escoger el “Olympus” para dar rienda suelta a los deseos de escapar de la realidad que vive, una especie de autodefensa ante las vivencias del momento, el artista parece escapar junto a él, tal vez un reflejo de su propia existencia. Escoger este terreno de dominio de dioses romanos, como escenario para cada una de estas obras, genera una visión misteriosa, sagrada, remarcada con el uso de colores ocre simulando ese velo o neblina que tienen los sueños o los estados de ánimos que vive al parecer el artista o el personaje. Esa psicología cromática que transmite un mensaje más allá de las imágenes mismas, oculto en los sueños. 

Las figuras femeninas que aparecen – a veces aladas, otras semi o desnudas- siempre seductoras e independientes, dominan a los hombres y dioses que las acompañan. El personaje en cada escena se (pre)siente débil delante de estas, así es el poder de estas mujeres, que evocan pasiones y deseos. Este personaje se encuentra en un estado de somnolencia y parece encontrar un método de escape de su propia realidad hacia otros mundos a partir del sueño donde ellas son protagonistas.

Al espectador se le impone en esta ocasión imágenes y creaciones singulares, que cuelgan de las paredes de la galería e impresionan los grandes formatos de los lienzos. En cada uno el personaje – o el artista ya imposible dilucidar entre ambos - sugiere hallar en el cuadro una nueva significación, creando nuevas y diversas interpretaciones. 

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