Behart Logo
Artistas
Galerías
Búsquedas recientes
EN
Reseña - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Artistas noveles, Exposiciones

Ronald Vill: El Zorro y la Flor

Por:
P
Image Avatar

Pedro Edgar Rizo Peña

Muchas son las leyendas que desde el lejano oriente se conocen, algunas de ellas tan hermosas que al pasar de país en país se convierten en inigualables fuentes de inspiración para poetas, músicos y artistas en general. En esta ocasión me gustaría particularizar en la apropiación de esa historia que gira alrededor de la flor del cerezo o Sakura como se le llama en Japón. Exactamente en la última propuesta “El Zorro y la Flor” que desde el confinamiento surgió de la mano de ese joven artista que es 

Ronald Vill, quien describe ese momento de creatividad como: “un tiempo de introspección y de repensar todo mejor (…) un proyecto solo para luchar con mis propios demonios, encerrado en mi casa en la Habana”

Ronald, en esta ocasión deja a un lado el acostumbrado lente de la cámara, compañera inseparable y cómplice en silencio, y retoma el dibujo. No por gusto muchos autores coinciden que dibujar favorece la “comunicación interpersonal, ayuda a la exteriorización de emociones y fomenta la creatividad”, que mejor terapia para estos tiempos de agotamiento mental por las tensiones del día a día. En esa lucha contra sus propios demonios, estos dibujos se encargaron de exorcizar su mundo más personal y emotivo, y para bien de todos, estos demonios se encierran entre las líneas exactas y los recursos visuales que esta serie luce. 

El personaje principal, una especie de proyección de la mente de Vill, siempre se hace acompañar en cada escena de un elemento que a la vez se convierte en coprotagonista y en ocasiones llega a desplazar la intención de la presencia de esta proyección humana: una flor de cerezo o Sakura. Como en el origen de la leyenda alrededor de este elemento, en la obra de Vill, la #Sakura viene a dejarnos ese mensaje siempre enigmático sobre el amor y sobre cómo superar los límites. Un recurso artístico imprescindible para que el artista narre con un elemento visual las circunstancias que vive en su día a día. 

Una búsqueda de la historia original ubica a la flor del cerezo o Sakura, como el resultado del poder del amor, de hacer que las durezas de los corazones se llenen de esperanza y “florezcan” los sentimientos. ¿No es acaso sea la solución a muchas realidades de hoy?! Si vemos la ubicación en la obra de Ronald donde crece siempre Sakura, entenderemos su poder visual… en el rostro, en el cerebro, en los pulmones, desde las manos, desde las redes sociales, desde la música ¡en la ciudad!!!  

Pero, ¡¿y el Zorro?! ¡¿Qué papel tiene acá en esta muestra?! Me arriesgo a pensar, que Ronald no es más que una de las tantas vidas de Kitsune - significa zorro, y representa a un espíritu del bosque con forma de zorro que se encarga de cuidar los bosques y las aldeas (en su origen japonés la palabra espíritu además refleja un estado de conocimiento o iluminación) - y en unas de sus tantas trasformaciones que emulan a los humanos, nos regala a través del arte nuevas enseñanzas. 

Además, se revela por la capacidad de volar, la invisibilidad y la creación de ilusiones que sin duda alguna son las habilidades que hacen que esta serie de dibujos, sencillos, pero no simples, lleguen a la gente. Sino es así ¿cómo es posible que su autor, entregue disponible en HD en la web de Thomas Nickles Project, para ser descargadas por quien desee, ésta casi cuarenta de obras de 71 dibujos realizados, y además cualquier ganancia sea donada al Global Giving´s Coronavirus Relief Fund, para la investigación de la epidemia que causa esta situación? 

Ciertamente, Ronald o Kitsune o el Zorro de esta muestra, es un ser inteligente, con habilidades mágicas, que como la leyenda mientras más años pasen mayores serán sus habilidades y sus conocimientos. Aún esperamos ver mucho más de él.  

.

.

.

.

.

#cubanart #art #cuba #cubanartist #contemporaryart #artecubano #artwork #arte #artist #modernart #painting #gallery #postit7 #design #youngart #fineart #artsy #abstract #havana #abstractart #artcollector #cubanamericanartist #digitalart #artgallery #habana #contemporarycubanart #cuban #artista #figurativeart #drawing 

Leer Más

2
0
3
Compartir
Reseña - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Monográfico, Exposiciones

Cuadricular un fragmento de la realidad: El making of de Duvier del Dago

Por:
S
Image Avatar

Sandra García Herrera

Las paredes y columnas de su casa en Zulueta (Villa Clara, Cuba) probablemente conserven todavía las marcas de múltiples estudios que Duvier del Dago Fernández (Zulueta, 1976) ensayara en su obsesión por suspender imágenes en el aire, por extraer al dibujo del papel y otorgarle cierta cualidad táctil.  

En el año 2001, con motivo de su tesis de graduación del Instituto Superior de Arte (ISA), organizó una exposición personal[1] para
la que instaló un entramado de hilos dispuestos horizontalmente entre dos paredes. Después de algunos intentos fallidos por tejer alguna figura, prefirió exhibir solo la estructura. «Yo sabía lo
que quería lograr, pero todavía no sabía cómo hacerlo».
[2] 

Poco tiempo después parecía haber encontrado una respuesta, cuando en Galería Habana[3] mostró una videoinstalación en la que ponía a dialogar dos mandíbulas de res tejidas (De la serie Teoría y práctica, 2004), que se sostenían en el espacio con el mismo método que se le había mostrado
insondable tres años atrás. Por aquel entonces aún no lograba el contraste entre figura y estructura, todavía no combinaba diferentes hilos ni incorporaba luces ultravioletas. La visualidad resultante se mostraba un tanto abstracta,
pero la investigación se mantenía en proceso.
 

Duvier pretendía crear holografías sin acudir a ningún artificio computarizado; quería que emergieran como una suerte de «3D
psicológico» –así lo nombra él mismo- generado a partir de sus capacidades imaginativas y de sus habilidades artísticas.
 

Así fueron surgiendo piezas como Materialista objetivo / Alfa 156 (De la serie Castillos en el aire, 2004), Holograma (De la serie Teoría y práctica, 2005); y proyectos cada vez más complejos, como lo fuera Bungalow (De la serie Castillos en el aire, 2006), una casa tejida –con cada una de sus habitaciones e incluso un garaje con carro- a escala real y ubicada en el foso de la fortaleza San Carlos de la Cabaña durante la 9na Bienal de La Habana.

En 2008, con la exposición personal Memory stick[4] incorpora por primera vez la luz ultravioleta, elemento que le permitió lograr el efecto tantas veces examinado y que definiría la estética high-tech con la que se identifica actualmente la obra de este artista. 

A propósito de las esculturas tejidas de Duvier, la
curadora e investigadora Darys J. Vázquez ha escrito:
 

«La realización de estas obras traduce la necesidad del artista de proyectar el dibujo en la relación espacio-tiempo. Ello lo logra a partir de un proceso en el que, pasado, presente y futuro se unifican. Las instalaciones de hilos describirían el mundo virtual de las ideas y los sueños, que por intangible parece no existir, pero cuyos efectos repercuten con más fuerza en la vida del hombre».[5]  

En paralelo a una fructífera carrera como dibujante –en la que ha mantenido una estética muy cercana a la historieta y la publicidad- se fueron tejiendo los hilos en dos grandes series: Castillos en el aire y Teoría y práctica, ambas con un sentido reflexivo sobre la condición del hombre en su contexto social y político, así como su posición con respecto al consumo y sus íconos, preocupaciones propias del artista y del imaginario social colectivo: una casa (Bungalow), un carro (Materialista objetivo), una
familia
y la ilusión de conservar los pequeños instantes de los que se conforma la vida (Memory stick). Pero a lo largo de estos años, y después de mostrar sus instalaciones en Cuba y en muchísimas exposiciones alrededor del mundo, Duvier
también ha tenido que hilar una y otra vez la respuesta a una pregunta constante del público: «¿Y cómo las haces?» Probablemente esa haya sido la razón por la cual el artista había abrigado durante los últimos años la idea de un proyecto expositivo personal con el nombre Making of
[6], en el que pudiera mostrar el trabajo de mesa que realiza previo a cada instalación. Después de una década de trabajo sostenido con un método creado
por él mismo, su maestría y experiencia le permitieron concebir finalmente esa muestra, que recién expuso en Galería Villa Manuela (La Habana, septiembre-octubre
de 2014).
 

Lo primero que llama la atención en Making of es la cantidad de piezas que se exhiben. Quienes conocen la obra de Duvier saben que gusta de la síntesis, aun cuando cada instalación
requiere de un despliegue tecnológico significativo que incluye andamios, sierras y taladros eléctricos, tensores de acero o cables, por solo mencionar
algunos implementos. En Villa Manuela se pudieron ver siete obras con formatos y materiales diferentes entre sí y algunos de ellos totalmente inéditos en el
trabajo de este artista.

El número de piezas responde a la necesidad de presentar el proceso y su desarrollo, solo que no lo hace desde la documentación directa
del mismo. El conocimiento profundo de su trabajo le permite crear nuevas obras que discursen sobre cada uno de los procedimientos que intervienen en la pieza acabada: el dibujo sobre el papel milimetrado, las plantillas a escala, la tensión de los hilos, la superposición de planos para lograr el efecto tridimensional, el protagonismo de la luz y el carácter instalativo. En Making of cada uno de estos elementos ha sido reformulado por Duvier, los ha puesto a dialogar con nuevos recursos y soluciones de montaje para originar piezas autónomas y muy experimentales
[7]. 

En este sentido, dos de las obras mejor logradas en la exposición –según la correspondencia entre concepto y solución formal- son la Pizarra milimetrada interactiva (2014) y Tensión
magnética, de la serie Estado
cuántico (2014).
 

La primera es una plancha de acrílico transparente, de 10 mm de espesor y las dimensiones aproximadas de una pizarra, suspendida en el
espacio por cables de acero que se sujetan al techo y al suelo de la galería. Sobre una de sus caras el artista se propuso reproducir a escala las retículas de un papel milimetrado, utilizando pegatinas de vinilo rojo; mientras que por la otra dibujó un proyecto que sería renovado por él todas las semanas que estuviera programada la exposición, a manera de ejercicio diario de creación.
 

La pieza es una especie de zoom in de una hoja milimetrada. Por su precisión extrema este tipo
de papel es muy utilizado en obras de arquitectura e ingeniería y es el soporte en el cual el artista encontró la solución para transportar las líneas del
dibujo hacia su «3D artesanal». Después de un esbozo en algún cuaderno de apuntes, la proyección sobre el milimetrado es el primer paso para la construcción de una escultura de hilos, de ahí el protagonismo de estos papeles en la obra
de este artista.
 

Durante seis semanas fue variando los dibujos sobre el acrílico cuadriculado; unas veces respondían a las plantillas que ha realizado
para poder colocar los cáncamos a los que se sujetan los hilos, otras, fueron proyectos inéditos de instalaciones. En palabras de Duvier:
 

«Quería que fuera una pizarra traslúcida y que la línea del dibujo quedara como suspendida en el
aire, por eso escogí el acrílico transparente como soporte. Es la pieza más procesual de la exposición, porque me permite recrear el trabajo de mesa que
habitualmente llevo a cabo para poder idear las instalaciones con hilos primero desde la bidimensionalidad. Cada semana he ido borrando el proyecto anterior y dibujando uno nuevo con estas mismas soluciones.»
[8] 

Con Tensión magnética revela un cambio de visualidad a partir de la incursión en el
trabajo con nuevos materiales y métodos. Consiste en un plano de madera de color rojo sobre el que contrastan cientos de tachuelas conectadas entre sí a través de ligas de goma. La disposición de estos elementos, la forma en que el artista decidió colocarlos, dibujan la imagen de una galaxia.
 

«Esta pieza es el resultado de toda una investigación que me han obligado a realizar las
instalaciones tejidas con el fin de encontrar una solución al tema de cómo poder sustentarlas en el aire; la tensión es un elemento que acompaña todas mis esculturas de hilos, y de esta etapa es el elemento que más me interesa desarrollar: suspender en el aire mediante tensión objetos que existen en nuestro contexto. Por eso elegí la liga de goma, un material que lleva implícita la tensión.
 

Figurativamente escogí una galaxia con brazos en espiral, algo que en la naturaleza contiene
las fuerzas electromagnéticas que hacen que la propia atracción entre estos núcleos dibuje la forma de la galaxia.
 

Es un primer experimento de lo que pretendo hacer en un futuro con las ligas: sacarlas desde el plano bidimensional hacia el tridimensional.»[9] 

En el año 2009 Duvier del Dago participó en la X Bienal de Cuenca, Ecuador, con la instalación Levedad / M1-A2 ABRAMS, de la serie Error humano (2009), y ha sido la única ocasión en la que el artista documentó en un video el proceso de montaje. Nueve horas de filmación editadas para obtener un audiovisual de cinco minutos en el que se puede descubrir el transcurso de la construcción tejida: los primeros hilos tensados, la habilidad casi arácnida de Duvier, la iluminación final de la obra acabada. 

Este video –que nunca antes se había expuesto- es la pieza que establece directamente la relación entre el público receptor y el sentido primario de Making of como exhibición. El audiovisual ilustra claramente parte del proceso pero no llega a ser una documentación expresa y detallada sobre el mismo. Aunque se pueda ver al artista trabajando y cómo va conformando la pieza, el elemento incitante de la curiosidad prevalece aún en el espectador, que sigue sin saber cómo se hace. Puede entenderse como parte de un conjunto integrado por otras dos obras que sí describen de alguna manera el proceso de creación del artista a partir de un mismo proyecto, Levedad / M1-A2 ABRAMS. Se trata de una impresión backlight en caja de luz que documenta la escultura tejida en su
emplazamiento original, en la Bienal de Cuenca, y una maqueta que reproduce en pequeña escala la figura de la instalación, el tanque de guerra M1-A2 ABRAMS.
 

Ambos formatos, fotografía y maqueta, son los medios en los que se apoya Duvier para conservar en el tiempo sus imágenes hiladas. Realizar
estos prototipos en menor tamaño –que además permiten un grado máximo de fidelidad a la obra primaria- es un proceder muy reciente en el trabajo de este artista, que invierte el proceso al construir las maquetas después de haber realizado la pieza original. La monumentalidad de las instalaciones y su peculiaridad de ser concebidas siempre teniendo en cuenta cada detalle del espacio en el que serán dispuestas, le imponen muchas veces un carácter
efímero. La maqueta le devuelve esa materialidad –que no se puede reconocer en las fotografías documentales, por detalladas que sean.
 

Pero un making of no tendría razón de ser sin un material acabado al que referirse y el cual le permita
al público establecer comparaciones o sencillamente descubrir cuántas sutilezas se esconden tras la creación. Por eso la curaduría de la exposición incluye dos instalaciones tejidas, con todos los implementos que caracterizan estos
montajes.
 

Una de estas piezas, Instalación estereoscópica / Ballena y submarino (De la serie Error humano, 2014), inicia un nuevo período de inquietudes en la
obra de Duvier. El proyecto revela la figura de una ballena jorobada en cuyo vientre se encuentra la silueta de un submarino. La coexistencia de dos
elementos tan opuestos entre sí es una motivación derivada de la serie Error humano –que se refiere a la delgada línea divisoria entre el hombre y la máquina-; motivación que descubre la
paradoja de un posible paralelismo entre la forma natural y la creada por el hombre, y cómo pueden vulnerarse una a la otra desde el momento en que contraponen los conceptos vida/muerte. Desde un análisis morfológico, las coordenadas milimétricas
de Duvier le permiten comprobar incluso cómo puede tejer ambas figuras –la natural
y la mecánica- utilizando la misma plantilla, precisamente por la semejanza de
sus aspectos.
 

Esta vez ha utilizado hilos de dos colores que reaccionan diferentes ante la incidencia de la luz ultravioleta. Así, las líneas de la ballena son azules, mientras que las del submarino son rojas. Hay mucho movimiento en esta obra, dado por la forma propia del cetáceo pero acentuado
por el efecto de cientos de puntos láser que se desplazan a través de la superficie de los hilos. La elección de la zona de la galería donde está
emplazada la pieza –una habitación de puntal muy bajo con un área de pocos metros- advierte la destreza que ha desarrollado Duvier en el trabajo con el espacio y la creación in situ,
elemento que privilegia como parte imprescindible del resultado final de cada instalación que construye. Sobre esta obra, expresa:
 

«La ballena forma parte de una subserie que he desarrollado dentro de la serie Error humano; una subserie que trabaja con formas de animales
que sugieren artefactos bélicos desde su forma natural y funcionamiento orgánico. Lo fundamental en esta pieza fue el involucrar el láser como elemento constitutivo de la visualidad de la obra mediante el contacto del láser con la
retícula de hilo, procurando que la aglomeración de puntos suspendidos en el aire sugiriera la forma de los elementos a representar, en este caso la
ballena. Esto se lograría en mayor medida con la utilización del humo para dibujar aún más el efecto de los haces de luz producidos por el láser.
 

Es una pieza de un marcado sentido experimental. Es un primer paso evolutivo entre
el hilo y los hologramas de luz.»
[10] 

Todas las obras exhibidas en Making of
están relacionadas con la temática bélica que ha venido desarrollando Duvier en la serie Error humano, cuyo eje de análisis es el margen de error como diferencia fundamental entre el individuo y
el artefacto; el cómo algo tan mecánico como la tecnología se humaniza y adquiere sensorialidad desde el momento en que ha sido creado por el hombre, quien le imprime, inevitablemente, un factor de riesgo: el error humano. En esta serie también establece posibles analogías entre la tecnología diseñada con fines militares y elementos provenientes de la naturaleza. En sus piezas el objeto bélico –aun sin dejar de imponerse- cede
ante la manipulación del hombre (el artista) y se sublima.
 

En Making of Duvier no solo anuncia ese
«primer paso evolutivo», también reafirma la solidez de una obra que ya la tiene; una obra elaborada, inteligente, incisiva. Prueba de ello es la no presencia de didactismos en la exposición, precisamente pensada para mostrar un proceso y comentarlo –y que logró con absoluta originalidad. Esta muestra supone un giro en la carrera artística de Duvier y deja entrever sus zonas actuales de interés –nuevos materiales, nuevas
formas de montaje cada vez más relacionadas con el espacio-; siempre pendiente de la factura exquisita que imprime a sus piezas –proyectadas y emplazadas íntegramente por él, hasta el último de los detalles.
 

A partir de ahora queda la expectativa. Por el momento ya ha mostrado el making of de todo un
período de trabajo en el que siempre ha deseado «cuadricular un fragmento de la
realidad».
[11] 

  

Sandra García Herrera 

La Habana, octubre de 2014 


   

 

[1] Exposición Mi mejor estrella no es un actor, sino un
reproductor. Galería 23 y 12, La Habana, 2001.
  

[2] Duvier del Dago. Entrevista
realizada por la autora, 18 de septiembre de 2014.
  

[3] Exposición Flashback. Galería Habana, La Habana,
marzo de 2004.
 

[4] Exposición Memory stick. Galería 23 y 12, La
Habana, 2008.
 

[5] Darys J. Vázquez
(2008): “La historia es de quien la cuenta”, en Duvier del Dago. Obra reciente (2004-2011), Maretti Editore,
Italia, 2013.
  

[6] Making of, en español Cómo se hizo. Es un término proveniente del cine y la televisión y
se utiliza para hacer referencia a un video documental que muestra el proceso
de producción de una película o programa televisivo. En países hispanohablantes
se conoce como Tras las cámaras,
aunque making of se ha convertido en
un anglicismo muy utilizado.
  

[7] Estas exploraciones en
el cambio del material y el soporte ya habían sido anunciadas por el artista
apenas un mes antes, en la exposición personal Estado cuántico que inaugurara en la TUB Gallery de Miami (agosto-septiembre
de 2014) en la cual utilizó el nylon dispuesto por capas sobre las cuales
dibujaba siluetas que, superpuestas, conformaban una figura tridimensional,
justo como sucede en sus esculturas tejidas.
  

 

[8] Duvier del Dago. Entrevista
realizada por la autora, 18 de septiembre de 2014.
  

[9] Ídem.  

[10] Ídem.  

[11] Este planteamiento se
encuentra anotado en un boceto de Duvier de finales de los ’90 y está
notablemente relacionado con las inquietudes que resolvería en su obra
posterior.
    

Leer Más

4
1
3
Compartir
Texto crítico - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo, Artistas noveles, Exposiciones

Introito a InPerfectas

Por:
B
Image Avatar

Blog de Rosana

Por: Rosana Ureña 

A partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando las vanguardias artísticas irrumpen en el panorama mundial, la idea de lo estéticamente bello es sometido al trabajo conceptual. Las nuevas corrientes niegan las “bellas artes” en pos de una obra sostenida por la deconstrucción de los estereotipos y la interacción directa y participativa con el público. Anelí Pupo no supedita sus obras a otras manifestaciones artísticas, sino que las dota de un lenguaje autónomo con una estética propia, fruto de su experiencia personal e investigativa. 

Con la serie InPerfectas”, la belleza de un cuerpo femenino es eclipsado por la condición de ser madre. Apreciar una fotografía artística convierte al fotógrafo y su obra en una sola persona, en la que convergen sentiminetos y conceptos, la artista utiliza esta premisa a su favor al guiar consecuentemente al observador a la reflexión a través de sus piezas. En una primera instancia, los conflictos sociales son eliminados, al sacar a la madre de su entorno habitual y utilizar fondos neutros, para luego retomarlos con el paratexto.

Durante los primeros años de la fotografía era imposible imaginar el auge que alcanzaría en el siglo XXI, los medios para fotografiar están al alcance del pueblo y, para transformar un fotograma en obra de arte, deben atravezarse las principios básicos del encuadre acertado, del objetivo nítido, y la poesía debe adueñarse del obturador para generar reinterpretaciones de la realidad: “Alba perfecta”, “Grávida supina”, “Ex-ante”, “Laxitud aguda”, entre otras, trasladan al espectador a un escenario donde imágenes del vientre abultado de mujeres anónimas próximas a dar a luz y partes de su cuerpo desnudo generan interpretaciones variadas.    

Palabras al catálogo escritas para la exposición InPerfectas de la artista visual Aneli Pupo

Leer Más

5
0
3
Compartir
Texto crítico - Artes Visuales, Arte Cubano, Artistas noveles

La fotografía como retorno de lo muerto. La espiritualidad del cuerpo en la obra de Laura Capote

Por:
E
Image Avatar

Enzzo Hernández Hernández

Fotografiamos cosas para ahuyentarlas del espíritu (Franz Kafka) 

No es casual que Walter Benjamin abordara en su ya conocidísimo Discursos Interrumpidos, aspectos de la filosofía del arte y de la historia como la noción de ¨aura¨, y refiriera que el valor esencial de la auténtica obra artística se basa en el ritual en el que tuvo su primer y original valor útil, dado que la función primigenia de la obra de arte se encontraba cifrada en el culto, y se originó al servicio de un ritual primero mágico y luego religioso.

Benjamin define el aura como «la manifestación irrepetible de una lejanía (por cercana que pueda estar)». Precisamente uno de los presupuestos iniciales que encontramos en la serie fotográfica Fiebre de ti, de la joven artista Laura Capote, es un diálogo perenne y, aparentemente, sin nostalgia, donde la artista se confronta cara a cara con un tiempo ido. Esa metáfora del tiempo que corre incesante, con vocación de río heraclitano, constituye un riesgo doble y hasta múltiple, que atañe por igual las estructuras espaciales que maneja a modo de microrrelatos en su obra. Paisajes corporales donde más que el gesto contemplativo, nos refrena el silencio o quizás la incomodidad de ese silencio al que la artista alude una y otra vez de forma diegética y extra-diegética. Disparar el obturador adquiere otra dimensión semántica. El acto de fotografiar deviene ejercicio mágico ritual, mecanismo de conjuro, exorcismo.

Se trata de una fotografía que problematiza, una vez más, la evocación y la memoria, y elige el cuerpo como dispositivo. El cuerpo como topos y relato especular simultáneamente, mapa y territorio, sustancia refractante de inusitadas posibilidades. De este modo nos encontramos ante un cuerpo-paisaje, cuerpo-vivienda, cuerpo-arquitectura, cuerpo-máquina, cuerpo-altar. La combinatoria es infinita, así como la inquietud de Capote y las innumerables interrogantes que arroja tras su búsqueda.

Otra idea que parece gravitar no con menos fuerza sobre el ímpetu discursivo de Capote es el paradigma clásico de la sofrosine. La sofrosine entendida como el ideal de la excelencia, lo bien equilibrado, lo proporcionado, la virtud de lo armónico, o quizás más próximo a su oficio fotográfico, como lo definiera Platón en su diálogo Cármides: -el prestar atención a la naturaleza de las cosas-. A pesar de la intrincada lectura psico-espiritual que propone su obra, sus fotografías no hacen más que aproximarse detalladamente a las cosas en su estado natural y observarlas, para luego limitarse a la gelificación de esos instantes de distanciamiento crónico entre un mundo y el otro. Capote, además, tiene vocación no solo de testigo sino de ardua observadora, o sea, su mirada ejecuta radiografías e incisiones a escalpelo limpio. Con la cámara registra hechos y detalles que son evidencias, extrae pruebas. El hecho siempre permanece durando más allá de la captura fotográfica. Nunca ocurre la muerte del tiempo.

En su más reciente proyecto de investigación artística, Expolios, entre la lucha y la lima, proceso de trabajo que fue compartido como Work in progress en el Estudio-Galería de Nelson Villalobo, hay una voluntad meta-artística concreta de reflexionar en torno a temas como el delito, el saqueo, la incautación y lo usurpado. Dicha reflexión se sirve primeramente de innumerables casos de expolio documentados a lo largo y ancho de la historia del arte y la arqueología, para luego ir sedimentando, de lo general a lo particular (en la lógica de las ciencias de la información, grado de licenciatura del cual es egresada) de forma insidiosa y punzante en aspectos vivenciales de la artista, en la historia personal, la visión íntima, en el saqueo del cuerpo, los delitos cotidianos, la usurpación de la mente y de las ideas propias, todo aquel micro-universo que la artista ha conceptualizado y dado en nombrar, en clave de guerra fría, el espionaje del arte. En esta ocasión, Capote se decide por un bojeo personal y caótico, y se desplaza en lógica rizomática por diversos paisajes que constituyen de una forma u otra, espacios de la memoria o zonas de expolio. Para este inventario improbable y nunca suficiente, basándose en un recuento y bitácora de sus recuerdos pormenorizados a modo de diario, pondera aquellos lugares impregnados de ¨aura¨. En el universo trashumante de la artista cada fotografía no solo tiene un sentido ritual, apotropaico, sino también peregrinatorio. La imagen queda pactada con la inserción final del individuo en el paisaje, con la ocupación física en la zona de expolio. Este acto final no es premio, ni trofeo, ni elucubración narcisista, sería quizás la evidencia, el recordatorio de haber sobrevivido una vez más el trayecto y la sórdida poética del viaje. La necesidad de lo legítimo probatorio para emprender el camino siguiente.

Mi secreta obsesión de pornógrafo, ante la obra siempre inquietante de Laura Capote, consiste en imaginarla en persona, frente a mí, colocándose los guantes aún calientes, agujereados y sangrantes de Dora Maar, para luego extender la mano izquierda y decirme adiós en el propio destiladero de sus paisajes corporales, así como sus fotografías nos remiten (para luego introducirnos en un abandono sin abandono) a una lejanía inaproximable.

Leer Más

16
0
26
Compartir
Texto crítico - Artes Visuales, Arte Cubano, Arte Contemporáneo

Fetiche del recuerdo

Por:
K
Image Avatar

Kina Matahari

Dayana Cuervo Sotomayor es una bruja contemporánea. Su residencia/estudio es un espacio pleno de amor, paz, recetarios de remedios naturales, mil miniaturas, antigüedades, música y un estado armónico digno de la meditación transcendental permanente. Graduada de la Academia de Artes Plásticas Provincial de Camagüey Vicentina de La Torre en el año 2011, forma parte del Registro del Creador del Consejo de las Artes Plásticas. Su trabajo actual se despliega hacia dos vertientes de interés: la creación a partir de textiles y las series fotográficas que podemos apreciar en su perfil de Behart.

Stadium (compuesta por seis fotografías ) y Desaprehender (dos fotografías individuales y un tríptico ) son work in progress construidos sobre la intención (o desde la necesidad) de una indagación íntima personal. Para ello la artista se remite al universo objetual de la cotidianidad doméstica del hogar. Los objetos se han ido acumulando a su alrededor, desde la infancia. Se han multiplicado desde entonces, aumentando el equipaje vital y su peso en variedad de formas, dimensiones, orígenes, colores, y significados simbólicos. Las “cositas” que la rodean construyen la identidad fragmentada de la mujer, que recompone en gesto procesual creativo, los aspectos inconscientes y ocultos de su “ser”. Allí están reflejados sus sentimientos más profundos, sexualidad, construcciones éticas, morales, sobre la familia y lo más importante, su espiritualidad.

La colección privada que sirve como materia prima para estas fotos, comenzó a conformarse con objetos familiares heredados. De sus dos abuelos (materno y paterno) recibe las claves definidas que marcarían las temáticas predominantes en sus objetos. Uno era relojero. El otro dedicó gran parte de su tiempo y atención al estudio de la botánica y el mundo natural, practicante del yoga y la filosofía oriental. De manera que un ejército de miniaturas, engranajes, cuerdas, mecanismos de reloj, plantas e insectos disecados, figurillas de jade y estatuillas asiáticas forman la visualidad de su vida. Una imagen transcultural y sincrética que refleja a nivel individual, una muestra de los complejos procesos que ocurren a nivel macro en la conformación de identidad cultural de la nación.     

Para este proyecto fotográfico construye escenarios con los objetos que encuentra a la mano, en un estante, dentro de una vitrina o en una maleta. Las instalaciones que concibe resultan manifiesto de sus propias creencias y concepciones sobre el tiempo, la vida, la muerte y la impermanencia de lo material. 

El producto resultante, en algunos casos, es presentado con la máxima fidelidad del escenario real. En otros, se auxilia de la postproducción fotográfica y el montaje para lograr un efecto dramático que contrasta la delicadeza y suavidad de los motivos con la violencia y fuerza simbólica de la revolución interna, inspirada en el color romántico de las batallas navales de William Tunner o en la expresividad compositiva en las flores explosivas de Georgia O’Keefe. Luego de la tormenta, viene la calma. El asiento del pensamiento: el desapego y el desaprehender. Luego, nada. Lo terrible no es sino el comienzo de lo bello.

Leer Más

13
0
27
Compartir
Texto crítico - Arte Cubano, Exposiciones, Arte Contemporáneo, Artes Visuales

Rayo iridiscente, mordida de Ningyo. (A propósito de Sangre de Sirena, una exposición de Duchy Man Valderá)

Por:
K
Image Avatar

Kina Matahari

Durante la adolescencia, un sueño recurrente apocalíptico me traumatizaba: la inminencia de un tsunami. Veía la ola formarse en prolongado lapso de tiempo. El mar se retraía, encrespaba y embestía con descomunal violencia. Mi solución para no ser arrastrada consistía en amarrarme a una columna, o cualquier elemento arquitectónico que lo permitiera, y aguantar la respiración. El mar llegaba en forma de rayo verde iridiscente. En el paisaje subacuático urbano, quedaban flotando objetos y algas. Elementos humanos y marinos realizaban a la par la danza ingrávida de un mundo habitado por sirénidos.

El método de interpretación onírica desarrollado por Sigmund Freud encontraría caldo de cultivo fecundo en este sueño. Como ventana abierta al inconsciente, destaparía toda clase de connotaciones asociadas a deseos insatisfechos, temores, traumas enmascarados con signos, que apenas abría que sustituir por otros para revelar sus verdaderos significados. Los elementos simbólicos que componían el sueño, evocaron un recuerdo encubierto procedente de la infancia, ante la visualización de la exposición Sangre de Sirena.

Desde el 27 de diciembre pasado y todo el mes de enero, se mantuvo en el estudio de arte corporal La Marca (Obrapía 108C (bajos) entre Oficios y Mercaderes) la exposición de Duchy Man Valderá . La obra de la artista es extensa, versátil, multifacética y magnética. Con formación multidisciplinar entre las artes plásticas, el diseño y la literatura, Duchy ha desarrollado una sólida carrera con frutos táctiles en más de una docena de exposiciones personales, múltiples colectivas, comisariado internacional de arte y cultura, premios, obras en numerosas colecciones. Pero su trabajo más expansivo y fértil, son las ilustraciones para diseño editorial. Obras que se multiplican a sí mismas en miles de libros como bichitos sensibles al tacto de las manos y los ojos, que habitan en libreros, mesas de noches, mochilas de todo el mundo. Precisamente de esta manera se encontraba su imaginario visual encofrado en mi profunda conciencia. Los ojos chinos venían asediándome desde la infancia, atravesando las páginas de los libros, labrando escenas e historias complementarias a las narraciones. En La Marca me encontré, una vez más, frente a ellos.

La visualidad de las obras de Duchy posee un signo personal potente, un sello escribano milenario que se fusiona con lirio nouveau, comic, ciencia ficción, la posthistoria apocalíptica cyberpunk que viene después y todo lo demás. Sus personajes y atmosferas levitan en la atemporalidad trascendente del loto místico. La línea, como cabello que se prolonga de la propia sangre recrea seres andróginos, la maravilla tergiversada del encaje y el textil, mágicos pabellones calados en fino hilo de oro y el grito tétrico del horror maculando lo hermoso. Las culturas y tradiciones del mundo alimentan la fuente temática que nutre su trabajo. El área geográfica, foco de su obsesión, es Asia. Oriente le viene por herencia familiar (ascendentes chinos) e invade formal y conceptualmente sus creaciones. Su obra visual tiene una cualidad expansiva, rica en registros de expresión y significantes referenciales contenidos.

Sangre de Sirena se conforma co mo una gran historieta narrada a partir de fragmentos. Resulta un cadáver exquisito remix de anteriores y nuevas composiciones, un contrapunteo estilístico entre la brillantez del color y la textura contrastada blanquinegra. Presenciamos reproducciones de ilustraciones reconocidas como las que acompañan los libros Calvina de Carlo Frabetti, El barco fantasma (Selección de cuentos ingleses) o Genji Monogatari de Shikibu Murasaki. De la historieta La ciudad Muerta, presenta tres complejas escenas de finísima factura. En ellas se regodea en la floritura del relleno de fondos, sombras, arquitectura; descompone imágenes, plantea transparencias, vacíos espaciales, en un juego de opuestos.

Un guiño, acaso escondido, esboza otro rango de acción de la artista. El espacio virtual proactivo del internet se convierte en escenario citado en una de las obras. La clara representación tipográfica de las siglas MHLC (Me hackearon la cuenta) en los lentes de uno de sus personajes aluden a un grupo popular de memeros en la red social Facebook. Duchy participa y crea también sus handmade memes temáticos en esta plataforma, cual digna “cybor warrior futurista”.

Las texturas brillantes y elaboradas de ilustraciones como Madame Crisantemo y Sicomoro o Turandot , aun disfrutables en el pequeño formato de la copia, provocan en mi el deseo de apreciarlas estampadas en grandes telas, con collage de sedas chinas y bordados dorados a relieve. Pero como Duchy seguramente nos está reservando algo así para otra ocasión y ahora estamos en un estudio de tatuajes, debemos ser coherentes con el discurso. Por eso la vemos desahogando el gran formato a manera de graffiti urbano en un muro del estudio. Dos medios rostros de mujer, de frente y de perfil, se comunican a través de las llamas que emanan sus bocas.

Como eje centrípeto de la exposición (asumo sólo por el mero hecho de aportar el título) encontramos la más colorida de las imágenes: Sangre de Sirena . El fondo azul entintado contiene una representación coronada por el halo que forma su cabello de fuego. En una mano porta un ancla, en la otra se enrosca una serpiente. Máscara y peto dorado la engalanan. La cola se bifurca, y ya no es la sirena común, sino una Ningyo.

Una sirena de Japón no tiene nada que ver con la sirena de la mitología occidental. Ambas son entendidas como seres fatales. Pero las Ningyo japonesas lejos de ser hermosas son terroríficas. Descritas por la mítica popular de diversas formas: cubiertas de escamas doradas, con una voz aguda como el sonido de una flauta, más bestial que humano, grotescas, cruce entre pez y mono, brazos escamosos que terminaban en garras retorcidas, humanoide simiesco, con cabeza de reptil con dientes afilados, podían poseer cuernos o cambiar de forma.

Una famosa evidencia de las Ningyo es la sirena Fiji, del santuario Tenshou-Kyousha en Fujinomiya. La leyenda cuenta que al ser capturada, contó haber sido un pescador condenado a abandonar la forma humana como castigo por pescar en zona prohibida. Pidió que fundaran en este sitio un santuario para que todas las personas aprendieran de su error y valoraran la vida.

También se adoraba religiosamente a estos seres y en varios templos budistas se pueden encontrar representaciones de sirenas. La Ningyo como diosa, llora lágrimas de perlas. Si una mujer mortal lograra capturarla y arrancarle de un bocado su carne, obtendría belleza celestial y eterna juventud. Además, se entendía como mal augurio que alguna quedase atrapada en redes o fuese capturada, porque desataría grandes tormentas y tsunamis.

De regreso al sueño adolescente, que a su vez se ha convertido en ilustración que llega desde el recuerdo infantil, me encuentro atada a una columna en la ciudad submarina. Una Ningyo con el rostro chino de Duchy pasa en ágil nado por mi lado. Desato el nudo que me mantenía inmóvil y la persigo. Le pego mi mejor mordida, le arranco un pedazo grande de carne. Mastico, saboreo, trago. No me empeño en su captura. No me entusiasmaría tener que sobrevivir otro tsunami, mucho menos estropear la recién conquistada belleza eterna. Además una Ningyo de tal calibre no sirve para gabinete de curiosidades. Mejor que nade tranquila en los mares cálidos de Okinawa.  

Leer Más

16
0
20
Compartir
PUBLICIDAD
post-it-7